La penumbra de la vida

6 mar

Mirá la luna. Ahora mirá abajo, no tanto.
Ahí nomás, apenas inclinada a la derecha hay una estrella,
ves que brilla fuerte,

bueno, ahí está

 

I

Como todas las semanas, llevó la ropa recién planchada al lavadero de la planta alta. Desde hacía exactamente tres meses, esa era una de sus tareas en la repartija que le tocó cuando se decidió darle una mano importante a su madre. En esa tarea, daba cada paso despacio, imprimiendo en su memoria cada segundo de esa rutina que sabía, sería fugaz. Miraba, olía y estudiaba detalle por detalle cada rincón de la casa y de ese recorrido. Ese día hubo dos cosas que le llamaron la atención, primero que la pila de ropa cada vez era más chica y segundo que un pequeño destello de luz titilaba desde el fondo de la habitación. Tal vez, modificar el recorrido hacia el lavadero haya activado en ella ciertas señales receptivas a encontrar espacios nuevos. Subir la escalera y pasar primero por el pequeño patio interno que separa ambos dormitorios para luego volver al pasillo, fue, indudablemente, algo distinto.
Apoyó la ropa en la mesa y corrió la cortina de la ventana para que entrara el sol, odiaba la oscuridad, y más si era de día. La terraza con sus enormes macetas y el final en forma de ele del lavadero a un costado era un paisaje que tenía olvidado. Pensó si acaso la ultima vez que estuvo en ese lugar no fue aquel verano, hace ya 20 años, en el que una batalla de bombitas de agua tuvo lugar en toda la casa y ella optó por elegir ese punto clave de la casa para lanzar sus proyectiles. En ese instante dio cuenta que ese destello de luz, visto minutos antes, se había esfumado, luego de dudar un poco, volvió a cerrar las cortinas. Retornó entonces aquella pequeña luz, que aparecía al final de la habitación, allá lejos, en la prolongación del lavadero, esa parte de la casa que nunca se visitaba. Sintió curiosidad y sin darle mucho espacio a la duda, caminó por el pasillo para ver que era.

II

Un antiguo candelabro cubierto con mucha cera, predominaba sobre la pequeña mesa circular de roble, que recordó, era la mesa en la cual guardaban los licores y bebidas en días festivos. A su lado, un confortable sillón victoriano, le daba más volumen al cuarto, que entre muebles de carpintería, retazos de telas y ovillos de hilos de colores, era la mezcla perfecta entre un  taller de artesano y otro de diseñador de ropa. Ese rincón, que otrora servía de depósito de cosas inútiles, ahora era un espacio de creación que ella estaba descubriendo. La curiosidad se volvió asombro cuando pudo ver, apoyado sobre el sillón una pila de cuadernos de tapa dura. Eran varios y de dos colores; uno azul; el otro, rojo. Tenían etiquetas escolares en el costado superior derecho con el nombre de ella y su hermano. Cuando se dispuso a abrir el suyo, escuchó la puerta y vio, apoyada sobre el marco a su madre con dos tazas de te en la mano. Con un dejo de cadencia en la voz le ordenó que se sentara. Deja el libro, sentenció. No alcanzó a primerear la hoja que tenía apartada con los dedos, dejó el cuaderno torpemente y se sentó en un banquito de madera que había por ahí.
Es de tilo, el que te gusta a vos. Vamos a charlar un rato, finalizó la madre. (más…)

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Si yo fuera (oda al tiempo)

13 feb

Si yo fuera el presidente de Independiente, me sentaría a hablar con el técnico y le diría: “Jorge, laburá tranquilo, a pesar del lobby en contra tuyo que hacen Olé y TyC, vos confía en mi palabra y no te preocupes si los resultados al principio no salen. Tampoco por lo que diga la gilada o los periodistas. No te olvides que este torneo no importa, lo que sí importa es llegar a la final de la Sudamericana, clasificar a la Libertadores y que este torneo te sirva para armar el equipo que pueda ganar la copa. ESO es lo que queremos. ESO es nuestro objetivo. Trabaja, tran-qui-lo. Y no te olvides de estas dos metas que te estoy diciendo”.

Lástima que no soy presidente de Independiente.
Este torneo que empieza hoy es un eslabón más de la penosa cadena a la que está atado el fútbol argentino. 30 equipos. Una paparruchada. Entonces, si yo fuera, analizaría el contexto. ¿Qué tiene Independiente hoy por delante? Un torneo largo, donde (apuesto), el campeón será el más regular y no el que mejor juega (como pasó en el anterior), donde sabe que a pesar de tener equipos de la B en primera y que en teoría vienen de paseo, esos equipos cuando juegan contra un grande lo hacen como si tuvieran por delante el séquito de todas las divas de Hollywood dispuestas a darle amor eterno (?) y se matan por ganar ese partido. Y con un plantel que, reforzado y todo, sigue teniendo falta de recambio en puestos claves (central, volante de recuperación, nueve de área) y si la suerte no acompaña y hay lesionados, el panorama será el mismo que el de torneo pasado; jugar con juveniles que se están formando como jugadores.

Al respecto de esta última frase es importante aclarar que se le cae con balas y bombas a pibes que apenas tienen un puñado de partidos en primera, que juegan nerviosos porque ni bien tocan la pelota 30.000 personas lo putean al unísono. Entonces, pensemos un poquito, hincha de Independiente. Caigámosle a Papa que tiene 300 partidos en primera, por ejemplo, no a Villalba que tiene 30. Estamos todos locos. No intento analizar las cualidades de algún player en particular, sino de analizar lo que tenemos y cómo lo tenemos.
Si yo fuera, pensaría que este torneo, que encima dura un solo año, puede servir de plataforma para armar un equipo que pelee y pueda tener chances de ganar copas internacionales. Que te de prestigio (recuperarlo, ya que el torneo local te lo quita aún más), que levante el club y lo ponga en otro plano. Pensaría en utilizar este torneo, y los que siguen hasta que todo vuelva a la normalidad (dicen, en el 2016), para formar un equipo serio, crear mística y un estilo de juego definido, claro, que traspase la línea de la primera división y sea el punto de partido en las divisiones inferiores. Utilizaría a los juveniles para que se desarrollen en el torneo local, dejando las figuras para las copas. Como son cuatro años, si se logra una regularidad y se da tiempo a que el jugador se vaya desarrollando normalmente, por consecuencia es muy probable que se logre algún campeonato local. Todo es tiempo. (más…)

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8 Instrucciones para una contaminación informativa sana

10 oct

Que se murió este, que secuestraron a aquel. Mataron a uno, robaron a algunos. Piquete, violaciones, choques, caos, cortes, corridas, salideras, entraderas, extorsiones y más y más mierda. Todo eso se puede ver -y leer- en los noticiosos argentinos. Uno se despierta y si es un poco masoquista puede desayunarse con esa parva de noticias, que lo único que hacen es mostrarte que tu existencia en este mundo es totalmente al pedo y de pedo. Entonces que mejor que un par de consejos, de apostillas, para tragar mejor la medialuna o la galleta con la que desayunas cada mañana y no bañarse tanto de caca o al menos, elegir con que caca nos queremos bañar. Dado que nada bueno puede salir de tanta mierda, la pregunta es, ¿para qué necesitamos saber esas porquerías? ¿Qué cambio le hacen a mi vida? Probablemente para alimentar nuestra cuota de morbo diaria, necesaria para no detener esa máquina interna de alertas, miedos y paranoia que poseemos. Pero, mejor, vamos al grano:

1.Los primeros momentos de la gran noticia son de total redundancia, todos los noticieros se matan por dar alguna primicia, cosa difícil porque todos están tan al pedo, que se chocan entre sí e informan lo mismo y mal. Y en caso de que tengan, o mejor dicho, inventen una novedad es de una desprolijidad tan alarmante que da ternura en lugar de pena. (Ejemplo: Secuestro. Canal informa: URGENTE – Así fue el secuestro. Muestran DOS imágenes de dos autos circulando por la calle. La repiten, le meten garabatos y te cuentan todo lo que no paso en el video y que sí ellos son capaces de informarte). (más…)

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El peluquero es mejor que Messi

15 jul

Nico está sentado mientras Sebastián, el peluquero, le está cortando el pelo. Están callados, la presencia de un nuevo cliente (yo), quizá los haya inhibido acerca del tema que estaban charlando. O no. No pasó mucho tiempo para que una nueva persona ingresara al local. “Hola Enri”, lo saludan peluquero y cliente. Ya me alcanzaba para darme cuenta que no solo iba a someter mi cabeza a un peluquero nuevo, sino también que además de ya dejar bastante que desear el lugar (sobre todo por la desprolijidad y todo “lo armamo’ así nomá” del local), el reducto funcionaba como punto de reunión de amigos, o de al menos, clientes muy asiduos. Enri no respondió el saludo, se sentó y dijo:
—Y bue, ¡ya tá! Ahí lo tenés al nene mimado de la gente, ni una puta pelota corrió.
Nico cabecea afirmando freneticamente a pesar de que le estaban rapando la nuca. —Sí, dejate de joder. Forro. No hizo una mierda—, dispara luego de que el peluquero le tomara la cabeza para que pare de moverse.
—El Mundial había que ganarlo, ya que llegamos a la final, tenés que aprovechar y ganar. Y te digo más, el Cuqui Silvani, ese gol lo hacía— dice el peluquero.
—¿Silvani? Silvera, boludo—corrige el que estaba sentado.
—Seee, jajaja. Silvera, hasta Mancuello hacía ese gol— mete bocado Enri, sentado al lado mío y ya mirando Olé por el celular. —El jugador del pueblo, afuera, mirando la nada y estos muertos ni corrieron. Los tres de arriba. Y Agüero, otro forro más. Por lo menos tenés que correr. Messi no corrió. ¡No corrió una sola pelota! Baja, corre. Mostra algo.
—¡Sí! El jugador del pueblo faltó. Con ese, lo ganábamos— sentencia el peluquero. (más…)

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Cuando la pobreza es abundancia

23 may

Independiente esta a tres fechas de redescribir su destino. O bien puede mancharlo aún más y arruinar lo -casi nada- que le queda de prestigio, no ascendiendo y teniendo que esperar seis meses (eso dicen) para subir a la primera, o puede matizar un poco esa sombra que lo va acompañar toda su vida, ganando los partidos que le quedan y ascendiendo a la primera categoría del futbol argentino. Hablar de categoría es ciertamente confuso. Cito textual de la R.A.E.: Categoría: Cada una de las clases establecidas en una profesión, carrera o actividad. Sirve, esta definición, para echar por tierra esa idea de que la primera división argentina es cenit al que aspira todo equipo de las divisionales menores. Más aún con el mamarracho que dicen van a hacer a partir del 2015. Aunque mejor no inmiscuirse en ese tipo de basuras y estupideces; cuando llegue, llegará. La mierda, a esa altura, no se va a notar.
La posta está en que Independiente “tiene” que ascender. Ahora bien, alguien, en este año que pasó desde el descenso hasta hoy, alguien en lo que va del torneo, alguien, analizó lo que tiene Independiente. Lo que es hoy Independiente. Alguien se pudo a pensar, siquiera un segundo, lo que le piden al técnico y a los jugadores. ¿Con que material pelea Independiente para ascender? Independiente no tiene nada. En todo su plantel debe haber 3 o 4 jugadores que puedan darle un pase al pie del compañero. ¿¡Hasta donde exigimos a un equipo cuya virtud todavía la están buscando porque no tiene!? (más…)

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Escape

20 abr

El día estaba siendo demasiado complicado, la prueba del psiquiatra para ver como andaba sin pastillas parecía estar equivocada. Eran las cuatro de la tarde y ya se había puteado con cinco tipos en la calle. Cada vez que se peleaba se acordaba de las palabras del doctor; “tienes que controlar tu ira interna, respira y cuenta hasta diez”. ¡Anda a la puta que te parió, vos, la respiración, las matemáticas, el buda y la reconcha de tu madre vos y tus pastillas del orto!, soltó luego que el chofer del  112 le escupiera el parabrisas y lo mandara a visitar la pija más cercana que encontrara. Recién ahí respiró por primera vez en el día. Sabía que tenía dos alternativas, o se bajaba del auto y se caminaba las cuarenta cuadras que faltaban hasta su casa o hacía caso a las palabras de tu médico y seguía viaje lo más tranquilo posible.

Un par de bocinazos lo volvieron a su realidad, estaba en el medio de la avenida, con luz verde y estaba atrasando todo el tráfico. Arrancó y vio que el colectivo seguía delante de él, esta vez a casi una cuadra. Volvió a respirar y puteó al doctor, de vuelta. Se dijo que no iba a putear más, al menos hasta que terminara el día. En lo que quedó del trayecto, un auto lo encerró y un motoquero lo mandó a chupar otra pija. Le molestaba más que le vociferaran insultos que comúnmente eran dirigidos a mujeres que lo putearan.  ¡Tengo cara de puto o que mierda, la puta que lo parió! Trigésimo insulto en el día y segundo gritando solo en el auto y promesa rápidamente incumplida. (más…)

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Competencia o Pretemporada

24 ene

Carlos Medeiro es preparador físico. Trabajó en la AFA con los juveniles hasta hace unos años y tuvo el agrado de entrenar a Messi, cuando el crack estaba asomando. Entre sus colegas su labor es reconocida y su trayectoria aún más.
He hablado con el un par de veces sobre fútbol y recuerdo una charla sobre la preparación física en el fútbol argentino. Una de las preguntas que siempre me taladró el cerebro es porque si el fútbol se juega en una superficie X (o sea, pasto), las pretemporadas se hacen en una superficie Y (o sea, arena). Las cargas, los esfuerzos, los movimientos, todo, es diferente. Recuerdo que me dijo que era, en su opinion,  un error hacer eso, aunque era muy difícil de cambiar porque al argentino le cuesta hacer modificaciones tan radicales y además romper con esa especia de “legado cultural” o de “toda la vida” era aún más dificiles.
Así todo, surgió el tema de las pretemporadas. Si sirven, para que se hacen, porqué se hacen. Entonces, acá está; para aquellos que quieran entender un poco más el tema y porque no, el fútbol. (más…)

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And the Oscár goes to…

17 oct

A veces la internete deja cosas interesantes, no todo el grupo (?). Pero para ir directo al grano, paso a responder y recomendar un par de cosas. Gracias a invisiblemente.blogspot.com.ar, mejor dicho a Polanesa que me acercó dicho cuestionario y me alcanzó el premio para que yo se lo alcance a otros… A ver que sale:

El premio se llama Liebster Award, lo otorga The Villacresporker y estas son las consignas:

A) Nombrar y agradecer el premio a la persona o blog que te lo concedió.
B) Responder a las 11 preguntas que te hayan formulado.
C) Conceder el premio a 11 blogs y proponerles 11 preguntas para responder.
D) Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo.

 

1. ¿Alguna vez tuviste un sueño premonitorio? Contame más.
Más que sueño, dicen que como escorpiano uno tiene cierto sentido de “pre visión” o algo así. Lo cierto es que sin soñar, quizá imagino o pienso que algo puede pasar, y a veces pasa. La última fue en una pizzería en Banfield. Entré y al mirar lo que la puerta abierta de la cocina permitía me dije “no me gusta esto”. Pero bue, no daba hacer una escena un viernes a la noche. Así que nos sentamos, pedí una pizza con rúcula y tomate cherry y cuando iba a morder de tercera porción, en el centro del tomatito que estaba justo en el centro de la pizza, había una reluciente y jovial cucaracha, tratando patas pa’ arriba, de salir de su prisión ficticia. En fin, no comí más y me fui. ¡Ah! me olvidaba: el lugar se llama La Chavela, queda sobre la avendia Alsina.

2. ¿Qué te llevó a escribir o dibujar o a hacer esas cosas que solés hacer en tu blog?
La necesidad de expiar broncas y dejar de romper cosas. También las ganas de sacar lo que uno tiene adentro, en una de esas a alguno le sirve, ¿no?

3. ¿Con qué escritor, dibujante, prócer, astrofísico, personaje célebre en general te sentís más identificado? (Una vez me preguntaron esto en una entrevista de trabajo, todavía estoy pensando una respuesta adecuada)
Eh… Bue… Admiro a San Martin, Belgrano… pero hoy estoy no estamos en épocas de revoluciones, aunque así lo parezca. Fernando Peña.

4. ¿Tuviste la necesidad de borrar alguna entrada de tu blog? De ser así, ¿por qué?
¡Sí! Releer lo que se escribió, a veces, puede ser contraproducente. Sobre todo si la verborragia salió por estar caliente o por escribir sin ganas.

5. ¿Una buena pizzería por tu barrio?
El Rubí. El mozo, el pizzero y el cajero viven en la película de Woody Allen Medianoche en París.

6. ¿Qué te incentiva hoy a seguir actualizando tu blog, y qué te desmotiva?
Me incetiva las ganas de seguir expresando lo que pienso, de vomitar lo que nadie te escucha. Me desmotiva la poca repercución, que tenga muchos días sin ganas de escribir o que no logre hacerlo más grande. Y no lo digo por ser masivo, sino por no poder hacer del blog un sitio de referencia, que en mis pequeños deseos de trascender, me gustaría que tenga.

7. Sin repetir y sin googlear, países que empiecen con O.
Omán

8. Honestamente, ¿cuánto tiempo de tu vida le dedicás a esto? Ya sea escribiendo, leyendo, pensando en lo que vas a subir, visitando otros blogs, revisando estadísticas, censurando comentarios, etc.
Todos los días. Estoy muy empachado últimamente, necesito verde y montaña.

9. Estás hace hora y media en la cola de un banco para pagar unos impuestos que no te pertenecen, cuando de repente entran diez ladrones enmascarados y armados a saquear todo el asunto. Increíblemente y como si vivieras en una película de Hollywood, llegan 35 patrulleros a intentar resolver la situación. Como tenés una suerte del orto, los ladrones te toman de rehén a vos y dejan que el resto de la gente se vaya a continuar con sus alegres y despreocupadas vidas. Entonces se sacan las máscaras y, para tu sorpresa, se trata de diez extraterrestres que te proponen llevarte a su planeta por fuera de este universo para hacer unos experimentos con vos, a cambio de dejarte con vida. Como no sos ningún boludo, aceptás, pero les pedís por favor que te dejen llevar un par de libros y algunos discos para hacer más llevadero el tema. Los tipos se ponen algo nerviosos y después de algunos sustos, deciden concedértelá pero a medias: tenés que elegir o música o libros. ¿Qué elegís?
Libros. Y arriesgo el porqué; la música la cantas igual; en cambio el libro te hace cantar, imaginar e inventar.

10. ¿Cuál considerás que fue el mayor logro de tu vida?
Irme a vivir a El Calafate. Por ese logro tengo tres logros que valen más que mi vida.

11. Y esta es clave: empanadas de carne, ¿con o sin aceitunas?
Sin. Cortadas a cuchillo y fritas.

Pido un poco más de tiempo para completar la segunda parte.

Saludos y gracias.

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Independiente es literatura

3 oct

Aquella tarde de sábado soleada y templada de junio,  que se presagiaba dramática e irreversible para los designios de Independiente en su irrefutable camino al descenso, casi consumado una semana atrás, cuando en Núñez la taba se inclinaba inexorablemente para marcar, casi de manera infame, el futuro de los rojos, yo elegí comenzar la jornada leyendo cuentos. Y cuando digo cuentos me refiero exclusivamente a relatos de fútbol. Para ser más preciso, leía solo aquellos que se referían a Independiente o a alguna gloria del otrora ejemplar club de Avellaneda.

Había comenzado el día bien temprano. Los nervios y la cabeza que no paraban de rememorar hechos pasados, buscar cambios futuros, ilusionarse con milagros y con utopías. Así no pude más que obligarme a encontrar algo que me despejara de esa incómoda situación. Ni el hecho de jugar con mis hijos me desconectaba. Y aparte, naturalmente mis ánimos estaban un poco trastocados y llegar a rozar un atisbo de descarga hacia la humanidad de dos chiquillos de 2 y 4 cuatro años por el motivo que fuere, dejaba de ser inmaduro, para convertirse en algo incoherente hasta pelotudo. Entonces, la lectura. Me acordé de que también están los libros. Que entre tantas finalidades una es justamente llevar al lector a un paseo inesperado. Elegir ese pasatiempo para esperar la hora señalada me pareció lo más sensato que podía esperar de mí para ese momento.
Era temprano pero ya tenía varias cosas claras, además la elección literaria, sabía, también que almorzar no podía. La comida o cualquier bocado se estancaba en mi esófago por horas y se olvidaba de su recorrido hacia el estómago para convertirse en un nudo, un bola, un dolor que se estacionaba en mi cuerpo y duraba lo que el partido tardaba en consumarse, y más también. Por lógica, la mejor manera de evitar ese inconveniente era cagarse de hambre y solo ingerir líquidos. También sabía que las cábalas no me servirían de nada -una nueva por cada derrota o empate, había saturado mi capacidad de resignación ante cada fallido intento por darle a ese Independiente algo que no tenía y que creía, que con mis artilugios mágicos y esotéricos podía brindarle-.
Con lo cual me dispuse a superar ese trance de la manera más natural posible. Lo que mi cabeza o la poca fuerza que le quedaba a mi corazón de hincha luego de bancarse tantas decepciones, dispusieran. Sin embargo, aún satisfecho por la honrosa manera de atravesar  el litigio, agarré un libro como cuando un niño duda en aceptar ese caramelo que le ofrece el almacenero cuando acompaña a la madre a hacer las compras. Y lo tomé, así como quien no quiere la cosa, como quien lo agarra para hacer que hace algo, sin motivo alguno o finalidad clara, a pesar de que creía tenerla. (más…)

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El potrero de cemento

1 oct

No crecimos en un barrio de calles de tierra. Eran de cemento. No de asfalto, ese asfalto pedorro que usan hoy. Cemento, concreto, pavimento. Que con el sol del verano parece una losa radiante de lo que quema y donde usábamos las uniones de brea para limpiarnos las suelas cuando pisábamos mierda o bosta de caballo. Duro duro el concreto. Pero cómo picaba la pelota y cómo raspaban las rodillas. Todavía hoy me quedan secuelas de tantas cascaritas arrancadas a la fuerza, porque me divertía la crosta que se formaba y yo la sacaba aún con algún pedazo de piel que todavía no había cicatrizado.
Y así aprendimos a jugar, en la calle. Un placer mayúsculo. Eran tardes que sumaban demasiadas aventuras para nuestras mentes ávidas de emociones y dispuestas al gozo eterno. La calle tiene sus bemoles, así como los pozos en la tierra o el polvo de la misma interfieren, a veces a favor, otras en contra en el desarrollo de un partido de fútbol; en el cemento, los cordones, los autos y los postes de luz hacen lo propio.
Había ciertos artilugios, al cordón de la vereda uno podía usarlo de compañero para que sirva una pared y así eludir un rival sin más que simple toque; el poste era más bien un aditamento defensivo. Esas varas rústicas y altas merecen una mención detallada: si el defensor de turno tenía la suficiente habilidad podía dirigir a su rival hacia donde la esfinge de madera se erigía, esta podía ayudar a la tarea defensiva tanto estorbando la carrera del atacante, o bien, como defensor extra puesto que no solo ocupaba un importante reducto, sino que su terminación, astillosa por donde se lo mire, resultaba por demás amenazante ante un posible choque. Me detengo un rato más en el poste de luz, si la cancha tenía, como la nuestra, tres en fila, un incipiente y peligroso contraataque rival, servía para darle la pauta a la horda atacante que sí el juego era llevado justo por ese sector, sería mejor rematar pronto o atenerse a las consecuencias – un combo patada más pared de madera, podían ser muy dañinos-. Ha sucedido en varias oportunidades que algunos de nosotros, en nuestra rusticidad defensiva, empujemos lícitamente, siempre lícitamente,  al contrario haciéndolo colisionar de manera no muy agradable contra el poste, cuando no era pared lo que tenían a su lado. Pero eran las menos ha decir verdad.
Después estaban los autos, otro elemento favorable para quién sabía utilizarlo con mesura. Para los defensores su utilidad radicaba en que su infame y antipática aparición en las proximidades del rectángulo de juego hacían detener el match y por consiguiente permitir al equipo que llevaba la desventaja, tanto numérica como posicional, acomodarse y esperar la reanudación con otro equilibrio y más gente. El auto es un tema muy particular, que requirió un tratamiento especial en varias reuniones, debido a que sucedía, frecuentemente, que este bólido de cuatro ruedas –¡sin mencionar a los malignos y desagradables camiones y colectivos, que contaban con entre seis y dieciocho ruedas!- estalle, reviente, pinche, destroce o simplemente pise nuestro esférico para así obligarnos a abandonar el partido hasta tanto no se juntara la plata necesaria para la compra de otro balón, acción que según la hora podía posponer el partido hasta el otro día o  en ocasiones hasta ¡la semana siguiente! Toda una injusticia. La aparición del auto y su constante accionar, perjudicando nuestro inocente juego, dirimió, luego de una serie de episodios desafortunados, como aquella cuando el conductor de auto se bajó a insultarnos porque uno de nosotros lo mando a la concha de su madre luego de que destrozara la pelota, en la compra de dos balones y en la decisión que la casa más cercana a la cancha sería la que albergue la bola suplente.
Como decía antes, no solo los defensores usaban la detención esporádica del juego para su beneficio. Hubo delanteros quienes ante lo sucedido se acomodaban el balón para su pierna más hábil si este no estaba bien puesto, otros que relojeaban al arquero y a las piedras que hacían de poste para ver donde patear. Los hubo quienes llamaban por lo bajo a algún compañero para elucubrar alguna pared o distracción. Generalmente, ahí, cuando el riesgo lo suponía un delantero, era cuando el arquero o todo el equipo rival clamaba por justicia, por un poco de decencia y entonces las negociaciones subían de tono. En definitiva, un quilombo, pero de los lindos.
La calle es un mundo en sí, y una escuela también. Muchos de nosotros hemos aprendido a jugar y mejorar nuestras habilidades luego de practicar en la vía pública. Claro que hay que tener algo adentro, la calle no es una maestra siruela que se te va a poner día a día a enseñarte algo que no tenes. La calle te acompaña, de potencia, te hace de sostén. Te curte y te lastima, pero te deja huellas eternas que forjan el hombre que todos queremos ser. Lo cierto es que jugar a la pelota en la calle suponía la acción el día más importante para nuestra temprana infancia. Diría más, hasta también ha sido escuela en otras artes, como la de andar en bicicleta o jugar a la escondida. Claro, que esas actividades estaban reservadas para cuando se aparecían las chicas del barrio y uno cambiaba la cara de pendejo futbolero por la de un joven apuesto y desesperado, o para cuando éramos pocos y jugar a la mortadela ya era aburrido.
Otro requisito, casi impuesto tácitamente era la conformación de los equipos. Sí o sí, debía ser bajo pisada o el mal llamado pan y queso. ¡Donde se vio que para jugar a la pelota uno tenga que sortear un sanguche! En fin. Se pisaba y si no se hacía era porque la totalidad de los jugadores presenten coincidían en que los dos mejores jueguen separados y sean ellos quienes elijan a sus laderos. Lo loco era como se determinaba quienes eran los mejores, porque siempre uno sobresale, pero el segundo. Al contrario de lo que dictan los eruditos del profesionalismo, al segundo, en la calle, sí se lo recuerda. Y en mi barrio eran varios los que pugnábamos por esa condecoración. A veces se turnaba el privilegio, un día era uno, otro día otro. Lo cierto era que para mantener ese puesto, el elegido, no sólo tenía que jugar muuuy bien, sino también, ganar. De esta manera podría utilizar la opción “revancha” al siguiente encuentro ante una eventual amenaza de perder su lugar.
En mi barrio teníamos todo eso, y más. Nuestra cancha era única. No como la de los vecinos, esa que estaba a tres cuadras de la nuestra que estaba llena de casas, millones de canastos de basura, autos estacionados en la vereda. Carajo, que mierda era jugar ahí. Al menos ganabamos bastante seguido, entonces la calentura duraba lo que un pedo de mosca. En cambio nuestra cancha. ¡Eso era un estadio! Dos fábricas, una en cada vereda. Ambas ocupaban la cuadra entera. Cuatro portones, uno con una especie de zaguán enorme que nos salvada ante fuertes tormentas. Apenas tres árboles y ocho postes de luz, cuatro de ellos ubicados en cada esquina y apenas una casa, encima de uno de nosotros. Con lo cual, nuestra cancha era la mejor, la más grande y la más envidiada de toda la zona. Así usufructuamos ese espacio por el término de catorce años. Después, nos hicimos adultos y solamente después de eso, fue cuando un camión municipal vino una tarde y clavó como cinco postes más.

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