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Entender para comprender

29 Nov

Desde algún lugar; desde algún pedestal, esos donde se paran y vociferan los distintos actores del mundo del fútbol, tendrá que emerger una figura que baje los decibeles de este deporte y de sus integrantes. Y que explique las cosas como son. Hoy, lo más cuerdo que se puede leer y que ayuda a entender el juego (fútbol) surge de pocos periodistas –Arcucci, Fernandez Moores, Wall, Burgo, Varsky, Latorre, Pacini y dos o tres más- y de algunos periodistas o pseudo, que usan Twitter como medio para expresarse.  El resto de los medios, no ayuda a entender, sino a informar o amplificar noticias.
Tómese el caso del clásico de Racing Independiente, el domingo pasado. “Baile”, “paliza”, “apabulló” y similares fueron las expresiones para describir la victoria del local. Puede que el resultado confunda –aunque fue rotundo y justificado- pero de ahí e informar que Racing “bailó” a Independiente hay un abismo. De cualquier tipo.

El partido tuvo 45 minutos totalmente parejos, donde la capacidad individual de un jugador (López) sobresalió por encima del resto. Una etapa inicial dónde claramente se vislumbraba las dos antípodas de este juego; crear o destruir. Independiente, con este nuevo estilo y de la mano de un inexperimentado DT, intentó jugar, crear, armar, generar juego. Y Racing, fiel al estilo de un técnico experimentado, se ocupó de destruir o impedir lo que el rival proponía.
Ahora bien, ¿es inválida la propuesta de Racing?, ¿es desleal?, ¿es antirreglamentaria? Para nada. Es, como bien se sabe, una de las dos maneras de jugar al fútbol. Resultó ser que su plan, táctica o estrategia -lo que mejor le plazca al lector- le salió a la perfección. Por otro lado, Independiente, inmiscuido es este nuevo estilo que Gabriel Milito trata de inculcar, convencer e incorporar, buscó con pocos recursos y sin planes alternativos, desdoblar a un rival que estaba realizando una excelente labor defensiva.

En la segunda parte, sorprendentemente Independiente volvió a empezar un partido “paveando”. Casi tomando en chiste esa especie de advertencia que tuvo Lisandro López cuando en la semana habló de como juega su equipo y que en las segundas partes se tira atrás a defender la ventaja, olvidaron o creyeron que esta vez volverían a repetir lo hecho en partidos anteriores. Error. De principiante. De inexperto. De no profesional. Sí algo iba a hacer Racing en su cancha, con su gente y con el resultado a favor, era efectivamente, buscar otro gol para callar esos reproches que bajaban de la tribuna ni bien habían hecho el primer gol. Entonces, ante ese panorama, los jugadores de Independiente comenzaron el segundo tiempo pensando que todo sería un arduo peregrinar hasta el área de Orión, pero con sus rivales mirando. Otro error. (más…)

Si yo fuera (oda al tiempo)

13 Feb

Si yo fuera el presidente de Independiente, me sentaría a hablar con el técnico y le diría: “Jorge, laburá tranquilo, a pesar del lobby en contra tuyo que hacen Olé y TyC, vos confía en mi palabra y no te preocupes si los resultados al principio no salen. Tampoco por lo que diga la gilada o los periodistas. No te olvides que este torneo no importa, lo que sí importa es llegar a la final de la Sudamericana, clasificar a la Libertadores y que este torneo te sirva para armar el equipo que pueda ganar la copa. ESO es lo que queremos. ESO es nuestro objetivo. Trabaja, tran-qui-lo. Y no te olvides de estas dos metas que te estoy diciendo”.

Lástima que no soy presidente de Independiente.
Este torneo que empieza hoy es un eslabón más de la penosa cadena a la que está atado el fútbol argentino. 30 equipos. Una paparruchada. Entonces, si yo fuera, analizaría el contexto. ¿Qué tiene Independiente hoy por delante? Un torneo largo, donde (apuesto), el campeón será el más regular y no el que mejor juega (como pasó en el anterior), donde sabe que a pesar de tener equipos de la B en primera y que en teoría vienen de paseo, esos equipos cuando juegan contra un grande lo hacen como si tuvieran por delante el séquito de todas las divas de Hollywood dispuestas a darle amor eterno (?) y se matan por ganar ese partido. Y con un plantel que, reforzado y todo, sigue teniendo falta de recambio en puestos claves (central, volante de recuperación, nueve de área) y si la suerte no acompaña y hay lesionados, el panorama será el mismo que el de torneo pasado; jugar con juveniles que se están formando como jugadores.

Al respecto de esta última frase es importante aclarar que se le cae con balas y bombas a pibes que apenas tienen un puñado de partidos en primera, que juegan nerviosos porque ni bien tocan la pelota 30.000 personas lo putean al unísono. Entonces, pensemos un poquito, hincha de Independiente. Caigámosle a Papa que tiene 300 partidos en primera, por ejemplo, no a Villalba que tiene 30. Estamos todos locos. No intento analizar las cualidades de algún player en particular, sino de analizar lo que tenemos y cómo lo tenemos.
Si yo fuera, pensaría que este torneo, que encima dura un solo año, puede servir de plataforma para armar un equipo que pelee y pueda tener chances de ganar copas internacionales. Que te de prestigio (recuperarlo, ya que el torneo local te lo quita aún más), que levante el club y lo ponga en otro plano. Pensaría en utilizar este torneo, y los que siguen hasta que todo vuelva a la normalidad (dicen, en el 2016), para formar un equipo serio, crear mística y un estilo de juego definido, claro, que traspase la línea de la primera división y sea el punto de partido en las divisiones inferiores. Utilizaría a los juveniles para que se desarrollen en el torneo local, dejando las figuras para las copas. Como son cuatro años, si se logra una regularidad y se da tiempo a que el jugador se vaya desarrollando normalmente, por consecuencia es muy probable que se logre algún campeonato local. Todo es tiempo. (más…)

El peluquero es mejor que Messi

15 Jul

Nico está sentado mientras Sebastián, el peluquero, le está cortando el pelo. Están callados, la presencia de un nuevo cliente (yo), quizá los haya inhibido acerca del tema que estaban charlando. O no. No pasó mucho tiempo para que una nueva persona ingresara al local. “Hola Enri”, lo saludan peluquero y cliente. Ya me alcanzaba para darme cuenta que no solo iba a someter mi cabeza a un peluquero nuevo, sino también que además de ya dejar bastante que desear el lugar (sobre todo por la desprolijidad y todo “lo armamo’ así nomá” del local), el reducto funcionaba como punto de reunión de amigos, o de al menos, clientes muy asiduos. Enri no respondió el saludo, se sentó y dijo:
—Y bue, ¡ya tá! Ahí lo tenés al nene mimado de la gente, ni una puta pelota corrió.
Nico cabecea afirmando freneticamente a pesar de que le estaban rapando la nuca. —Sí, dejate de joder. Forro. No hizo una mierda—, dispara luego de que el peluquero le tomara la cabeza para que pare de moverse.
—El Mundial había que ganarlo, ya que llegamos a la final, tenés que aprovechar y ganar. Y te digo más, el Cuqui Silvani, ese gol lo hacía— dice el peluquero.
—¿Silvani? Silvera, boludo—corrige el que estaba sentado.
—Seee, jajaja. Silvera, hasta Mancuello hacía ese gol— mete bocado Enri, sentado al lado mío y ya mirando Olé por el celular. —El jugador del pueblo, afuera, mirando la nada y estos muertos ni corrieron. Los tres de arriba. Y Agüero, otro forro más. Por lo menos tenés que correr. Messi no corrió. ¡No corrió una sola pelota! Baja, corre. Mostra algo.
—¡Sí! El jugador del pueblo faltó. Con ese, lo ganábamos— sentencia el peluquero. (más…)

Cuando la pobreza es abundancia

23 May

Independiente esta a tres fechas de redescribir su destino. O bien puede mancharlo aún más y arruinar lo -casi nada- que le queda de prestigio, no ascendiendo y teniendo que esperar seis meses (eso dicen) para subir a la primera, o puede matizar un poco esa sombra que lo va acompañar toda su vida, ganando los partidos que le quedan y ascendiendo a la primera categoría del futbol argentino. Hablar de categoría es ciertamente confuso. Cito textual de la R.A.E.: Categoría: Cada una de las clases establecidas en una profesión, carrera o actividad. Sirve, esta definición, para echar por tierra esa idea de que la primera división argentina es cenit al que aspira todo equipo de las divisionales menores. Más aún con el mamarracho que dicen van a hacer a partir del 2015. Aunque mejor no inmiscuirse en ese tipo de basuras y estupideces; cuando llegue, llegará. La mierda, a esa altura, no se va a notar.
La posta está en que Independiente “tiene” que ascender. Ahora bien, alguien, en este año que pasó desde el descenso hasta hoy, alguien en lo que va del torneo, alguien, analizó lo que tiene Independiente. Lo que es hoy Independiente. Alguien se pudo a pensar, siquiera un segundo, lo que le piden al técnico y a los jugadores. ¿Con que material pelea Independiente para ascender? Independiente no tiene nada. En todo su plantel debe haber 3 o 4 jugadores que puedan darle un pase al pie del compañero. ¿¡Hasta donde exigimos a un equipo cuya virtud todavía la están buscando porque no tiene!? (más…)

Competencia o Pretemporada

24 Ene

Carlos Medeiro es preparador físico. Trabajó en la AFA con los juveniles hasta hace unos años y tuvo el agrado de entrenar a Messi, cuando el crack estaba asomando. Entre sus colegas su labor es reconocida y su trayectoria aún más.
He hablado con el un par de veces sobre fútbol y recuerdo una charla sobre la preparación física en el fútbol argentino. Una de las preguntas que siempre me taladró el cerebro es porque si el fútbol se juega en una superficie X (o sea, pasto), las pretemporadas se hacen en una superficie Y (o sea, arena). Las cargas, los esfuerzos, los movimientos, todo, es diferente. Recuerdo que me dijo que era, en su opinion,  un error hacer eso, aunque era muy difícil de cambiar porque al argentino le cuesta hacer modificaciones tan radicales y además romper con esa especia de “legado cultural” o de “toda la vida” era aún más dificiles.
Así todo, surgió el tema de las pretemporadas. Si sirven, para que se hacen, porqué se hacen. Entonces, acá está; para aquellos que quieran entender un poco más el tema y porque no, el fútbol. (más…)

Independiente es literatura

3 Oct

Aquella tarde de sábado soleada y templada de junio,  que se presagiaba dramática e irreversible para los designios de Independiente en su irrefutable camino al descenso, casi consumado una semana atrás, cuando en Núñez la taba se inclinaba inexorablemente para marcar, casi de manera infame, el futuro de los rojos, yo elegí comenzar la jornada leyendo cuentos. Y cuando digo cuentos me refiero exclusivamente a relatos de fútbol. Para ser más preciso, leía solo aquellos que se referían a Independiente o a alguna gloria del otrora ejemplar club de Avellaneda.

Había comenzado el día bien temprano. Los nervios y la cabeza que no paraban de rememorar hechos pasados, buscar cambios futuros, ilusionarse con milagros y con utopías. Así no pude más que obligarme a encontrar algo que me despejara de esa incómoda situación. Ni el hecho de jugar con mis hijos me desconectaba. Y aparte, naturalmente mis ánimos estaban un poco trastocados y llegar a rozar un atisbo de descarga hacia la humanidad de dos chiquillos de 2 y 4 cuatro años por el motivo que fuere, dejaba de ser inmaduro, para convertirse en algo incoherente hasta pelotudo. Entonces, la lectura. Me acordé de que también están los libros. Que entre tantas finalidades una es justamente llevar al lector a un paseo inesperado. Elegir ese pasatiempo para esperar la hora señalada me pareció lo más sensato que podía esperar de mí para ese momento.
Era temprano pero ya tenía varias cosas claras, además la elección literaria, sabía, también que almorzar no podía. La comida o cualquier bocado se estancaba en mi esófago por horas y se olvidaba de su recorrido hacia el estómago para convertirse en un nudo, un bola, un dolor que se estacionaba en mi cuerpo y duraba lo que el partido tardaba en consumarse, y más también. Por lógica, la mejor manera de evitar ese inconveniente era cagarse de hambre y solo ingerir líquidos. También sabía que las cábalas no me servirían de nada -una nueva por cada derrota o empate, había saturado mi capacidad de resignación ante cada fallido intento por darle a ese Independiente algo que no tenía y que creía, que con mis artilugios mágicos y esotéricos podía brindarle-.
Con lo cual me dispuse a superar ese trance de la manera más natural posible. Lo que mi cabeza o la poca fuerza que le quedaba a mi corazón de hincha luego de bancarse tantas decepciones, dispusieran. Sin embargo, aún satisfecho por la honrosa manera de atravesar  el litigio, agarré un libro como cuando un niño duda en aceptar ese caramelo que le ofrece el almacenero cuando acompaña a la madre a hacer las compras. Y lo tomé, así como quien no quiere la cosa, como quien lo agarra para hacer que hace algo, sin motivo alguno o finalidad clara, a pesar de que creía tenerla. (más…)

La hinchada

17 Jun

rojoHay varios enfoques para explicar el porqué del descenso de Independiente. El más pertinente es el futbolístico, porque es el que puede llevarse a debate, a analizar en profundidad y a buscarle el origen a esta debacle. Sin embargo, prefiero hacerlo desde el lado pasional. Desde el costado emocional, porque ahí tengo una verdad y solo una. La mía. No porque sea autoritario o demagogo, sino porque es pasión. Y la pasión, es como el ser humano, las hay parecidas, nunca iguales. Por eso prefiero escribir desde las emociones que se generaron en mí, mientras iba viendo como descendía Independiente.
Cuando la resignación es tan abrumadora que te saca del foco futbolístico para meterte en la piel de la camiseta y sentir que es no poder, ya no importa el resultado, ni el porqué, tampoco si no tuviste suerte, si las milochocientas cábalas no te funcionaron, si el árbitro no ayudo y si los rivales “ahora juegan bien”. Sólo importa la manera. Y no me refiero a la manera en que el equipo pierda o enfrente su lado más oscuro. Hablo de la forma en que el hincha recibe ese mazazo, como se para frente a ese momento y de que manera lo enfrenta. Cuando las miles de almas que el sábado estuvieron en la cancha, entendieron que el final era inevitable –a pesar de que muchos ya lo tenían asumido mucho tiempo antes- y entendieron que lo que había que hacer era gritar cuán fuerte y potente pueda la garganta y juntar todo el aire posible que los pulmones pudieran aguantar para sostener ese grito en el tiempo, lo que hicieron fue elevar la categoría de un club (de fútbol) que hacía años la había perdido. Perdido entre otras cosas, porque en los últimos 24 torneos, ganó, peleó en dos y en los restantes terminó de mitad de tabla para abajo. Ese aliento, logró que se estremezcan y regocijen de emoción y orgullo esos hombres (esas ánimas), que décadas atrás hicieron de un grande un gigante. Que desde una tele, una radio o un monitor miles de personas empaticen (y no solamente simpaticen) con lo que es ser de Independiente. Ese aliento, esas ganas de no querer irse del estadio para vitorear esos colores, para enaltecer esa camiseta puso en la órbita de lo extraordinario lo que la pasión y el amor por algo ilógico pueden lograr.
La hinchada de Independiente, que nada tiene que ver con la nefasta y mercenaria barra brava, le recordó al fútbol argentino que hay cosas con las cuales no se puede luchar. Y hablo de esa pasión. La misma que seguramente tiene cualquier hincha genuino de cualquier club de fútbol del país, pero que pocos logran demostrarla desde el lugar que les corresponde y debe. Porque ningún hincha legítimo de Independiente puede vanagloriarse o alzar su voz repicando que el sábado no rompió nada ni generó disturbios. El hincha, el que vive fútbol, conoce que esa actitud lo iguala con la barra brava, con el pelutodo, el forro y el hijo de puta que solo va a la cancha para cagarle la vida al otro. No alienta. Lástima. Por eso, los que alentaron son los que entienden que esto es un juego. Que por más que duela, por más que no quieras que tu hijo llore de dolor, por más que quieras darle un beso padre al que tenes al lado y decirle que no moquee más, todo, todo, sucede por algo.

Lo que le pasó a Independiente sirvió para mostrarle a los que hoy los dirigen, los que mañana vendrán, estos que tuvieron los huevos de ponerse la camiseta, esos que ni un gramo de dignidad poseen y abandonaron a sus compañeros en pleno naufragio y aquellos que van a llegar, sepan, comprendan y entiendan, que Independiente no es ese club grande, que ganó siete libertadores y catorce títulos. No es un club que sale con la etiqueta de orgullo nacional. Tampoco el tiene una hinchada amargada o un equipo que, a pesar de nunca usar una casaca rosa, lo llaman así. Independiente no es esas tres últimas temporadas donde no pudo sacar ni siquiera en alguna de ellas 50 míseros puntos, ni esa dirigencia que pagó y paga para que periodistas lacayos salgan a defender lo indefendible. Menos es esta dirigencia que desde la ineptitud futbolística apresuró un poco más este final. No son estos jugadores que por más que “hayan puesto todo”, durante 38 fechas no pudieron contra rivales de categorías similares y hasta inferiores. Tampoco los que se fueron y mandan mensajitos por Twitter para simpatizar con el hincha.
Independiente es otra cosa. Es el viejo club modelo, ese que tenía dirigentes que pedían disculpas con lágrimas en los ojos si no podían pagar una mensualidad. Es ese equipo que se hizo hombre en plena adversidad y que desde su fundación priorizaba la ética y dignidad deportiva por sobre un resultado. Una institución que eligió una manera, un como, para lograr un fin y no solamente alcanzar objetivos porque sí. Independiente es esa estirpe que se transfiere invisiblemente entre padre a hijo, abuelo a nieto, amigo a amigo, hincha a hincha y que cuando tiene que decir de que cuadro es, pronuncia con fuerza y aplomo, con hidalguía y orgullo cada sílaba; IN-DE-PEN-DIEN-TE. Eso era Independiente y algo todavía es. Por eso, cuando pasa lo que pasó, solo queda quitar el sarro existente y volver a fundarse sobre la misma gloria en que se supo vivir.

Los títulos, las copas, los clásicos ganados son cotillón. Aderezan una historia que los precede. Independiente existe a pesar una conquista. Las conquistas por sí solas, no son nada. Potencian, sí, la estirpe ganadora. No la engendran. Las formas, las ideas, la mística, el honor y la dignidad, son el puente hacia el premio final. Pero no confundir; para llegar a la cima, se necesita de cimientos fuertes que te sostengan.

Aldana atrás

30 Abr

Como la cosa a mi mamá le daba miedo, por ese tema de los robos y afanos, de que te matan por dos pesos y que había mucha inseguridad, las reglas me fueron establecidas taxativamente: nada de salir a jugar a la calle; se puede salir siempre y cuando estén todos tus amigos y sea después de la hora de siesta, porque la gente duerme, ¿entendes? Si mamá respondía con cara de puchero, y pensaba en voz baja porque me rompía las bolas con la siesta si ella nunca se acuesta. Además me había advertido que a la primera queja o principio de riña con vecinos o amigos: me iba para adentro. Claro que mi mamá no era tan dictatorial o al menos, conocía que para nuestras limitaciones existía un escape. Y ese escape, era el jardín del fondo de mi casa. A pesar de haber renegado los primeros instantes de jugar a la pelota en un patio de 40 baldosas por 40 baldosas -así lo recordaba mi hermano siempre que mi madre se quejaba por alguna alegría rota o el potus en el piso-, al tiempo le encontramos la vuelta y todo se solucionó cuando en mi cumpleaños el regalo fue un arco de plástico tamaño futbol 5.
Así fue que las tardes se pasaban en ese fondo, frecuentemente acompañado de algún amigo (siempre dije que las máximas impuestas a nosotros también lo fueron para mis compañeros. Nada mejor para una madre tenue que una madre con ideas claras en el marote), con muchos partidos y sus posteriores meriendas, memorables, por cierto. Sin embargo hubo un momento en donde nuestras tardes comenzaron a complicarse. El fondo de mi casa daba al lateral de la casa de atrás que tenía un parque enorme y pegado a la medianera un galpón de chapa. En esa casa vivía un matrimonio con sus dos hijos, los cuales nunca supimos si eran grandes, chicos, mujeres o varones. Una tarde de sábado, Tiago y yo, contra mi hermano y Juani estábamos jugando el bueno luego de un partido con una victoria por lado. El match era a 10 goles, estábamos igualados en 8 y en un momento Tiago le pegó muy fuerte a la pelota, tanto que ésta rebotó en una maceta, pegó contra el foco de luz -sin lamparita, por supuesto, rota antes- y cayó en la casa vecina. El que las hizo las paga, es la regla, y entonces Tiago tuvo que ir a buscar el balón. Desde las dos de la tarde hasta las seis, no solo suma cuatro horas de juego, sino que también resta mucha paciencia en aquellos individuos proclives a la furia. Fue así que la conjunción de ciertos factores hizo del papá de la susodicha casa un Panzer desquiciado sin control, un ser virulento y por demás dañino. Desde nuestra posición escuchamos el timbre, el portazo, los gritos y lo peor; el estallido. (más…)

Apostillas de una victoria efímera

28 Abr

Independiente ganó después de largas fechas de no merecer, penar y, obviamente, hacer las cosas mal para no ganar. Brevemente, a horas del primer triunfo de Brindisi como DT del rojo, hete aquí algunas conclusiones para destacar:

         Después de jugársela con “jugadores de experiencia” en su debut frente a Rafaela, Brindisi cambió por “los que mejores estaban”. Mantuvo a Farías en el once, y puso varios juveniles que ya venían jugando. Terminado el partido –sin importar el resultado- lo contundente y valedero para un equipo, y ante todo, su técnico es; que al fútbol –y sobre todo peleando el descenso- no se juega con la experiencia, se juega con jugadores de fútbol. Y en esta definición, se sitúa, a priori, cualquier jugador que este físicamente apto para el juego y con condiciones futbolísticas a la altura de las circunstancias.

         Brindisi, armó el equipo con cuatro centrales, dos cincos, dos diez y dos puntas. Colocó a Fernandez de volante izquierdo, y Miranda y Montenegro sueltos. Arriba, solo, a Farías. En el primer tiempo jugó muy mal, no generó ni una chance de gol y no supo como atacar tampoco. En el segundo siguió igual –es mentira que el cambio posicional de Morel influyó en el juego-, con Miranda flotando si saber donde pararse, Montenegro muy lejos del área y sólo se insinuaba algo con el ingreso de Caicedo y la voluntad de Fernández. Los goles cambiaron el partido, y si mereció más fue por empuje que por juego.

         Al respecto de los de los delanteros, un párrafo aparte merece Ernesto Farías: desde que empezó esta segunda rueda, demuestra que no quiere jugar para Independiente. Lleva errados todos los mano a mano que tuvo, que fueron varios y hoy estuvo 5 veces fuera de juego en 45 minutos. Una barbaridad y algo inconcebible en un delantero profesional. Una lástima, porque ni siquiera aporta desde el esfuerzo, sólo resta.
Caicedo es un cúmulo de músculos aparatosos que van para adelante con la cabeza gacha cual toro en rodeo. Por ahora le alcanza, aunque es muy poco. Lo más esperanzador está en el paraguayo Fernández, que tiene recursos para alimentar las expectativas puestas en él. (más…)

Racing, un equipo de sociedades

3 Dic

Elogiar al Velez campeón tiene cierte analogía (lejana por cierto), con aquellos que se le atribuyen al Barcelona de Messi. Hace años que juega a lo mismo, se sabe como lo interpreta y de que manera, tiene gusto por jugadores que prefieren darle un pase al compañero en  lugar de revolear la pelota, hay una filosofía que intentar copiar ciertos aspectos del buen juego que expresa el equipo español, por lo cual no resulta llamativo que el equipo de Liniers haya obtenido otro título.
De todas maneras, lo más notorio a nivel equipos, fue el desempeño de Racing. Se sabe que en cada receso invernal Racing es una de esas instituciones fanáticas en traer refuerzos porque sí, y se sabe también, que cada año, el hincha se frusta porque el equipo no alcanza las expectativas generadas. Este año, sí fue distinto. Partiendo de una politíca muy distinta a la de otros campeonatos, Racing esta temporada eligió contratar jugadores con trayectorias consumadas (alguna similitud con los primos es pura casualidad) y con un rol acostumbrado a ser complementarios al equipo y no al revés.
Primero, la virtud del técnico en elegir a los jugadores correctos y luego, la posibilidad económica  de los directivos y allegados, que hicieron posible satisfacer las necesidades del entrenador. No obstante la mayor virtud de Zubeldía fue encontrar el equipo en un torneo tan corto. Como siempre, los primeros partidos de un torneo esta repletos de refuerzos y estrellas, y el caso de Racing no fue la excepción. En la segunda fecha, Racing alineó a Sand, Camoranesi, Ortiz, Corvalán y Villar (refuerzos). Además de Saja, Hauche, Pelletieri, Pillud y Cahais más su juvenil figura, Centurión. El equipo ganó partidos aunque le costaba jugar bien. Con el transcurso de la fechas y en contra de lo que la lógica argentina propone, Zubeldía modificó el equipo sacando a los refuerzos en lugar de los jugadores de menos peso. Así fue que trece fechas después, luego de cambios paulatinos, Racing, encontró el equipo. Fariña, Vietto y Zuculini reemplazaron a Sand, Camoranesi y Hauche para lograr un equipo más armonioso y sobre todo, con grandes complementos. (más…)