Archive | Marzo, 2009

No todo es lo que parece

29 Mar

En el debut de Maradona como DT de la selección argentina, no se vió nada nuevo. Ante un estadio repleto, se presentó la seleccion en el día de ayer y ganó, en el debut del astro como DT, por 4 a 0. A pesar de la victoria ante un pobre equipo venezolano, el equipo en sí no ha dado indicios de algún aspecto futbolistico diferente al del ciclo anterior o de la confirmación de alguna idea de juego (como contra Francia).
Trataremos, en lo siguiente, de analizar pequeños aspectos del equipo:
Durante los 90 minutos no se vio presión (a excepción de Mascherano) en ningún sector de la cancha al rival. Mas allá de que Venezuela tocó poco y nada el balón, no se presionó en campo contrario y tampoco hubo buen retroceso de los volantes cuando se perdía la posesión de la pelota (muchas veces, Jonás volvía trotando).
No hubo movilidad de los delanteros, sobre todo de Aguero y Tevez. De Messi, no hay mucho que criticarle -nada a decir verdad- y no vamos a decir que no se movió. Sí se espera eso de Tevez y Aguero porque si se quedan parados, son presas fáciles para hasta los más inocentes defensores, como los caribeños. Gago no pudo hacerce dueño de la pelota y sobre todo de la distribución; muchos pases se reiteraban hacia los costados y atrás, para luego buscar a Messi y esperar que invente algo.
La inclusión de Jonás es acertada, si fuera de 8 y no d 11. Es rápido y hábil, pero cuando llegá al fondo o desborda, como no tiene zurda, tiene que enganchar o patear como pueda. Sugerimos que empieze a jugar con la pierna izquierda o que se pase a la banda derecha.
Sigue notandonse la ausencia de un 9 de área. Alguien que aguante la pelota de espaldas y le sirva de pivot tanto a Messi como al otro extremo. Siempre y cuando (y esta no es la idea del DT, por lejos) Argentina juegue con 3 puntas. Un 9 que mida más de un metro ochenta, que tenga físico, sepa cabecear y sobre todo, dar pases. Sería de gran solución y daría muchos frutos. Sino miren en el Barcelona como juegan Eto’o, Henry… y Messi.
Claro, que hay cosas positivas (la confirmación -una vez más- de Mascherano como líder, el gran partido de Messi y los 4 goles), y cosas por mejorar. Por eso, nada de lo anteriormente escrito es válido, porque como siempre, los jugadores llegan 3 días antes de partido y el DT no puede enseñar ni explicar nada. A pesar de este detalle, las ideas pueden inculcarse, con o sin días de concentración.
¡Salud!

Manejo yo (parte I)

14 Mar

Quisiera comentar acerca de como es manejar por la ciudad de Buenos Aires.

Hay que partir desde la base de que, al menos, el 80% de los conductores (o intento de ello) que pululan por las calles no saben manejar, léase; no saben las señales de tránsito en su totalidad; no respetan las normas y peatones; no tienen consideración de los riesgos y peligros que hay en los excesos y, sobre todo, tienen como característica una enorme falta de respeto por el prójimo.

Al no haber una firme y obligatoria ley, norma, exigencia, requisito o lo que sea que sea necesario cumplir para poder sacar el registro, hoy, quien tiene un auto puede manejar solo sabiendo como son los cambios y para que lado se dobla. Por experiencia propia (mi trabajo es manejar), veo miles de barbaridades en la calle. ¡Se ven cosas terribles y hasta increíbles!.

Luego de la crisis del 2001, la economía argentina fue creciendo, una muestra de ello, es como creció el parque automotor. Según la DNRPA en 2001 había entre Capital Federal y Bs. As. 5.700 millones de autos (contando todos los vehículos menos las motos). En 2008 el número fue de 7.000 millones, un 22% más en apenas 8 años. Para entender aun más este fenómeno, en 1997, había en todo el país 8.900 millones. Saquen sus cuentas. Ahora bien, no sólo creció el parque sino que también, obvio, crecieron la cantidad de conductores. Y la ecuación da, a mayor cantidad de autos, doblemente mayor la cantidad de boludos.

Solo que estos nuevos conductores, es su mayoría son jóvenes y apenas saben lo que quiere decir manejar. Hoy un pibe de 18 años recién cumplidos va a hasta cualquier municipalidad del GBA y con una pequeña cometa obtiene su carnet. Le hacen un examen visual, le preguntan si trajo el auto y listo. Así de simple, así de rápido y así inconciente.

A la gran cantidad de autos y conductores se le suma la no “actualización” de las vías de tránsito. No hay nuevas autopistas, no hay avenidas anchas y en buen estado, hay un 0 crecimiento del tránsporte público y un 0 aporte a la conciencia por la vida, en este caso, automovilistica. Pero abordar toda esta cuestión sería muy tedioso y largo. Volvamos, entonces, a lo que nos compete.
Hay más de todo, pero ¿hay calidad o sólo cantidad?. Claramente, cantidad. Con solo manejar un día por Capital y GBA uno puede armar un gran álbum de recuerdos de cómo se maneja en Argentina. Se pueden ver conductores esquivando una mansadora cola en la autopista por la banquina, autos (demasiados) pasando el semáforo en rojo, sin importar que hora sea y si hay gente que quiere cruzar la calle. Se puede conseguir una figurita díficil, pero de las buenas, en donde se puede ver como un auto en contramano -o también subido a una plazoleta- evita una cola de autos. Camiones y fletes por la mano izquierda, yendo a 20 km/h u ocupando los tres carriles de una avenida. Esta la figurita de todos los autos que estacionan en doble fila para ir a un colegio y/o cualquier lugar; no falta una en la que esta quien en medio de una calle visualiza a un amigo y para el auto en el medio para charlar. Tenemos una en la cual si uno circula por su mano en una calle y se encuentra con un par que está en contramano y quiere doblar, este lo insulta porque Ud. transita tranquilo y el hombre tiene que esperar.

Mención aparte para aquellos vehículos que circulan sin luces de noche, los que van con balizas puestas durante un lluvia y para la gran cantidad, por no decir casi todos, de los que doblan en todas las esquinas sin guiño. Sobre colectivos, taxis, motos y camiones, hay un monton más y de las peores. Como también sobre aquellos civiles que manejan solo por placer o para ir a trabajar.
El tema esta en el placer, que porque sea un deleite, encanto o goce no exime de que conlleve una gran responsabilidad… Como casi todo placer, es tal si se lo toma en dosis prudentes, responsables y necesarias. A mi me gusta el helado y me da placer, ahora bien, si me como un kilo por día (me encantaría) probablemente termine con algún problema intestinal o estomacal.
Lo mismo pasa con el manejo. A quienes les da placer manejar un domingo por las calles de la ciudad, no les interesa si van a 10 por una avenida por el medio -con la particularidad de que llevan bebés o nenes muy chicos- o muy tranquilos en una calle donde claramente hay un lugar a la derecha. A quienes les da placer ir a su trabajo en cuatro ruedas, no les interesa si el de adelante frena en un sémaforo cuando éste está apurado y llega tarde, terminando insultando o aplicando repetidos bocinazaos.

El placer de conducir es el placer de sentir un auto deslizarle por el asfalto y no sentir una batucada dentro del coche gracias a los pozos y lomos de burro. El placer esta en recorrer un camino, solo o en familia, sabiendo que todos aquellos que manejan en el mismo camino son iguales o más responsables, posibilitando así, relajarse y disfrutar.

¡Peligro! Mesa de dulces

2 Mar

Sobre dos mesas largas, una corta. En un caballete camuflado con manteles; sobre carritos o barras, de la manera que sea una mesa de dulces en un casamiento/cumpleaños de 15 no dura más de 20 minutos.
La gente de amontona, corre y se desespera por agarrar un panqueque, un cono de dulce de leche, un flan, porción de torta o hasta una mínima masita. En una festividad de esa magnitud, los invitados muestran más esmero para levantarse de su silla y correr a los dulces que para bailar con el (los) agasajado(s). Si hay que bailar o participar en algún (insoportable) show de salsa, las sillas abrazan a los participes hasta que después de varios reclamos algunos ceden y cooperan con la causa. Todo lo contrario si se visualiza en el horizonte del salón alguna fondue de chocolate o un copón de frutillas con crema. Para quien organiza el evento es un momento único, para los que son invitados es un momento pesado e insoportable, en donde solo quieren que la fiesta pase rápido, que la comida sea rica y que llegue la autorización para comenzar la posta de golosinas.
En ese raid dulcero vale codazo, empujón, mano por encima de alguna cabeza, apoyadas y hasta un “¡permiso señora!, no llego”. La gente se pierde y se pierden en una mesa. Todo dura minutos, escasos, si se los compara con la duración total del evento. Al final, las personas terminan rechonchos, felices y contentos; sobre todo porque la devastación de los dulces son el indicativo de que ya falta poco para irse y que sus barrigas ya tienen el azúcar necesario para subsistir. Ya bailaron o hicieron la gamba para eso; comieron, tomaron. Ya no queda nada sobre las bandejas dulceras y los manteles solo cuentan con algunas migas y manchas de dulce de leche, crema y dedos.
La mesa de dulce… ese paraíso donde 120 personas se reunen pacificamente, para celebrar un casamiento ante la atenta mirada del novio y la novia.