Archive | julio, 2009

Mi ser

1 Jul

Aunque faltan dos meses para tu llegada, en mi cabeza y en mi corazón estás presente. Ya naciste.
Dentro de tu madre estás esperando y haciéndonos esperar… y en esa espera, ansiamos, imaginamos, pensamos y te soñamos. De vez en cuando apoyo mi mano sobre la panza de tu mamá… te moves con tanta fuerza que parece como si quisieras salir a ver como es el mundo, para luego volver a esconderte dentro de ese caparazón donde nada de este mundo parece llegarte y donde ella te cuida y protege. Quisiera asegurarte ahí dentro estarás mejor que nunca (y que acá), pero quiero que vengas y te quedes para que podamos contarte que tanto ella como yo vamos a cuidarte como a nunca otra cosa de este mundo.
Estamos viviendo en un mundo inseguro, malo, con muchas penas y pocas esperanzas. Hoy todo es incertidumbre y para nosotros, tan jóvenes, saber que tenemos que criar a un hijo nos llena de miedos y preguntas. No tenemos ninguna respuesta para todo lo que va a pasar a partir de tu nacimiento, y tenemos demasiadas preguntas para hacernos desde ese momento. Más allá de eso, hay algo que nos alivia, nos regocija y reconforta; dentro de todo ese formulario lleno de sentimientos, hay uno que salió desde la nada y que es el bastión fundamental para entender este momento: Amor.
Nunca podré (quizás sí, más adelante) saber porque algo que nunca vi y apenas escuché me puede generar tanto amor, tantas ganas de abrazar, y cuidar, y querer, y compartir. Cuando me enteré que iba a ser papá, me sentí muy contento porque era algo que estaba esperando, después de la alegría inicial empezaron a sucederse un sinfín de sensaciones y sentimientos hasta llegar a este. Este es un sentimiento fuerte, latente, inquieto, eterno y feliz. Sentir que te amo con locura. Sentir que quiero verte, abrazarte, darte calor y cuidarte todo el tiempo. Sentir que sos mi sangre, mi vida en otro cuerpo.
Una linda noche de invierno, acostados sobre la cama, ella y yo, charlando de la vida, de cómo llevar una familia adelante y cómo cuidarte, criarte y un sinfín de “te” más, sugerí a tu mamá que, cuando tengas mes y medio, dos, ella salga a armar su proyecto. No solo fue impertinente lo expuesto, sino también, explosivo y rotundo el llanto que siguió a mi comentario. Dejarte sólo, tan chiquito y sin tu teta era el abandono total, el descuido de lo que ella más ama y sobretodo, ser una mala madre. Esa reacción, tan genuina y espontánea, me describió lo que es amar a un hijo. Lo que es, en vísperas de nuestro encuentro, saber que vas a dar la vida por tu hijo y saber que un segundo lejos de vos es suficiente como hacerte el peor daño imaginado. Seguramente no sea así siempre, crecerás y tendrás tu propio vuelo. Ahí dependerás de vos mismo y nosotros disfrutaremos verte planear y armar tu vuelo. Tu mundo.
Tu mamá no se va a ir a tu mes y medio, tampoco a los dos, nunca lo hará. Como tampoco lo haré. Porque ver a mi mujer, mi amor… ¡tu madre!, expresarse y entristecerse de esa gran manera y sentir dentro mio una explosión de contención, de abrazar y unirme es ese sentimiento, me reafirma de que lo que está por venir es nuestro nuevo horizonte. Nuestro cenit. Mi cenit.
Serás la razón de mi vida, en mi corazón ya se siente esas corridas fugases, veloces y pequeñas que hace la sangre cuando algo nuevo nos llena de alegría y emoción. Veo como todo mi cuerpo se alborota y prepara, ultima detalles (como cuando uno recibe una visita esperada) para tu llegada. Todo es intenso y fuerte, no hay dolores y mis manos son de corazón cuando abrazo tu escondido cuerpo.
Seremos una isla en medio del océano, tan sola y tan lejos de todo como tan paradisíaca y bella a la vez. Hoy somos tres, mañana más. Siempre formando un ser, uniéndonos y protegiéndonos.
Con vos, Dante, nace una nueva ilusión, un nuevo sentir y vivir en nuestras vidas. Dios, nosotros y nuestras (tus) familias estamos haciendo de esto un aventura hermosa, llena de sorpresas e inolvidables momentos. Estamos preparando la masa, para que cuando nazcas, completes el relleno y, juntos, disfrutemos de este plato exquisito. ¡Salud!