Entender para comprender

29 Nov

Desde algún lugar; desde algún pedestal, esos donde se paran y vociferan los distintos actores del mundo del fútbol, tendrá que emerger una figura que baje los decibeles de este deporte y de sus integrantes. Y que explique las cosas como son. Hoy, lo más cuerdo que se puede leer y que ayuda a entender el juego (fútbol) surge de pocos periodistas –Arcucci, Fernandez Moores, Wall, Burgo, Varsky, Latorre, Pacini y dos o tres más- y de algunos periodistas o pseudo, que usan Twitter como medio para expresarse.  El resto de los medios, no ayuda a entender, sino a informar o amplificar noticias.
Tómese el caso del clásico de Racing Independiente, el domingo pasado. “Baile”, “paliza”, “apabulló” y similares fueron las expresiones para describir la victoria del local. Puede que el resultado confunda –aunque fue rotundo y justificado- pero de ahí e informar que Racing “bailó” a Independiente hay un abismo. De cualquier tipo.

El partido tuvo 45 minutos totalmente parejos, donde la capacidad individual de un jugador (López) sobresalió por encima del resto. Una etapa inicial dónde claramente se vislumbraba las dos antípodas de este juego; crear o destruir. Independiente, con este nuevo estilo y de la mano de un inexperimentado DT, intentó jugar, crear, armar, generar juego. Y Racing, fiel al estilo de un técnico experimentado, se ocupó de destruir o impedir lo que el rival proponía.
Ahora bien, ¿es inválida la propuesta de Racing?, ¿es desleal?, ¿es antirreglamentaria? Para nada. Es, como bien se sabe, una de las dos maneras de jugar al fútbol. Resultó ser que su plan, táctica o estrategia -lo que mejor le plazca al lector- le salió a la perfección. Por otro lado, Independiente, inmiscuido es este nuevo estilo que Gabriel Milito trata de inculcar, convencer e incorporar, buscó con pocos recursos y sin planes alternativos, desdoblar a un rival que estaba realizando una excelente labor defensiva.

En la segunda parte, sorprendentemente Independiente volvió a empezar un partido “paveando”. Casi tomando en chiste esa especie de advertencia que tuvo Lisandro López cuando en la semana habló de como juega su equipo y que en las segundas partes se tira atrás a defender la ventaja, olvidaron o creyeron que esta vez volverían a repetir lo hecho en partidos anteriores. Error. De principiante. De inexperto. De no profesional. Sí algo iba a hacer Racing en su cancha, con su gente y con el resultado a favor, era efectivamente, buscar otro gol para callar esos reproches que bajaban de la tribuna ni bien habían hecho el primer gol. Entonces, ante ese panorama, los jugadores de Independiente comenzaron el segundo tiempo pensando que todo sería un arduo peregrinar hasta el área de Orión, pero con sus rivales mirando. Otro error.

¿Cómo llega el segundo gol de Racing? ¿Algún desborde asociado, una pared en velocidad, una serie de toques para mover al rival? No. Simplemente, presionar una salida y forzar la equivocación contraria. Luego otro gol y apenas dos o tres más jugadas peligrosas.
Si eso fue baile, entonces el 7 a 0 de Estudiantes a Gimnasia hace unos años fue una Creamfields.
Hubo méritos claro, como también hubo jugadores en gran nivel –Bou, López, Romero-.
Por otro lado, Independiente jugó mal. No hizo nada de lo que mostró en partidos anteriores, no tuvo claridad en ningún área, defendió mal, se desarmó como lo hace un equipo amateur luego del segundo gol, no tuvo intensidad, no pudo estirar al rival, no supo cómo, no encontró (si es que tiene) es plan B o alternativo para vulnerar una primera estrategia defensiva y lo peor de todo, no pateó al arco. Dos tiros en 90 minutos. Lo mismo que hizo en la ida del repechaje por la Libertadores, ante el mismo rival pero con otro DT.

Esto no es justificar una derrota, es explicarla. Racing tuvo un plan, lo supo ejecutar y fue contundente. Independiente tuvo una primera parte donde sintió que podía y una segunda, donde llamativamente –o no, porque ya sucedió en otras ocasiones- dejo de intentar jugar. Porque podes perder 28 a 0, aun así, podes intentar jugar.  Cómo lo hizo Ezequiel Barco, que con 17 años les mostró a 9 jugadores –el arquero sale, de vuelta, exento-, como seguir intentando a pesar de la adversidad.

Hay pequeños mensajes, hay esbozos de progresos, hay una idea que todavía es semilla. Pretender que un DT con apenas dos años de experiencia –y porque los Cocca, Almirón, Barros Schelloto o Gallardo lo hicieron- deba ganar todo lo juega, no es un error. Es no entender. Y ese mensaje, lo baja el periodismo y lo deglute el hincha. Hincha que va a la cancha a mostrar como alienta, porque de fútbol, sabe muy poco.

Independiente y el fútbol argentino, necesitan de explicaciones, de argumentos, de entendimientos. El domingo Independiente no fue bailado, fue derrotado en un partido de fútbol, ante un rival, que como muchos otros, desarrollan una mejor evolución a la hora de impedir, destruir o evitar que a la hora de crear o generar. No por nada, la figura de la victoria de la Academia dijo saliendo del vestuario: “todavía creo que podemos jugar mejor”.

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