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8 Instrucciones para una contaminación informativa sana

10 Oct

Que se murió este, que secuestraron a aquel. Mataron a uno, robaron a algunos. Piquete, violaciones, choques, caos, cortes, corridas, salideras, entraderas, extorsiones y más y más mierda. Todo eso se puede ver -y leer- en los noticiosos argentinos. Uno se despierta y si es un poco masoquista puede desayunarse con esa parva de noticias, que lo único que hacen es mostrarte que tu existencia en este mundo es totalmente al pedo y de pedo. Entonces que mejor que un par de consejos, de apostillas, para tragar mejor la medialuna o la galleta con la que desayunas cada mañana y no bañarse tanto de caca o al menos, elegir con que caca nos queremos bañar. Dado que nada bueno puede salir de tanta mierda, la pregunta es, ¿para qué necesitamos saber esas porquerías? ¿Qué cambio le hacen a mi vida? Probablemente para alimentar nuestra cuota de morbo diaria, necesaria para no detener esa máquina interna de alertas, miedos y paranoia que poseemos. Pero, mejor, vamos al grano:

1.Los primeros momentos de la gran noticia son de total redundancia, todos los noticieros se matan por dar alguna primicia, cosa difícil porque todos están tan al pedo, que se chocan entre sí e informan lo mismo y mal. Y en caso de que tengan, o mejor dicho, inventen una novedad es de una desprolijidad tan alarmante que da ternura en lugar de pena. (Ejemplo: Secuestro. Canal informa: URGENTE – Así fue el secuestro. Muestran DOS imágenes de dos autos circulando por la calle. La repiten, le meten garabatos y te cuentan todo lo que no paso en el video y que sí ellos son capaces de informarte). (más…)

No entiendo un carajo

16 Jun

Esta lucha o conventillo entre periodistas de alto calibre, ¿para qué sirve?. Tengo 30 años y hace rato trato de interiorizarme en lo que pasa en mi país, primero porque amo a mi patria y segundo porque es donde vivo y quiero que sea un lugar lindo, seguro y próspero, pero estos últimos años (sobre todo este) veo, leo y escucho como periodistas de distintos medios y diferentes pensamientos -eso creo-, se tiran con todo lo que tienen. Desagravian, atacan, defienden, luchan, arrojan, justifican y se excusan en su afán de defender una postura o un bando. Uno a los 30 empieza a preguntarse y preocuparse por cosas más existenciales, cae en otra realidad, se interesa más y se compromete mejor con su entorno. Sólo que este vacío informativo, lejos de ayudar, confunde.
Yo me pregunto, con todo respeto, ¿para qué mierda sirve todo esto, acaso se van a asegurar el futuro, aún más de lo que algunos de ellos, ya lo tienen por hecho?  ¿Estos cruces de twitters, columnas o notas en diarios y páginas web, es para ver quien tiene más seguidores o a quién lee más la gente? No veo Intrusos, Infama y todos esos programas de relleno para los atardeceres de las doñas Rosas y los cholulos, ahora bien, ponerse a leer una columna de Lanata, Majul, Sirven, Aliverti o el que sea, es más o menos, parecido a lo que hace Rial. De informar poco y nada, de marcar una supuesta ideología, un sector, un lado, o bien, alejarse del otro; mucho.
Puedo decir que no tengo un gran abanico de periodistas a quienes leo cuando me quiero informar sobre algo que pasa en el país. No los tengo, porque no lo hay. Hoy puedo decir que me informo mas y mejor en Twitter y en sitios de periodistas no reconocidos, que en La Nación, TN, Canal26, Clarín o el que mejor te guste. He tratado de leer a varios periodistas pero son como una tarde de domingo mirando el cable, a los 5 minutos cambio y busco otra cosa. Y no sólo porque me aburren, sino porque no les creo, hablan cualquier cosa, son amarillistas o directamente, los prejuzgo. Y acá vale prejuzgar (un poco) o mejor dicho, generalizar, porque sino uno se envuelve en una nube de palabras vagas y en lugar de entender, se pelotudiza.
Hay una frase de Juan Pablo Varsky en su programa NSN en Rock&Pop, “entender es mucho más importante que saber”, tomo esa frase como punto de partida. Entonces aquellos a quienes sí leo, ahora me hacen volver al control remoto y buscar a quien atacan o defienden para ver que pasa. “¡Algo me perdí!” me digo. No soy aquel que porque sigue a Lanata o Victor Hugo lo defienden y sostienen a muerte digan lo que digan. Si cambian de opinión los sigo escuchando para tratar de entender porque lo hicieron (si es que lo hicieron), los mantengo en mi sintonía porque quiero saber porque dejaron de informar, lo hago… hasta cierto punto.
La mayor preocupación que surge es saber si este cambalache que, mal que pese, instaló (y para mí para bien) este gobierno kirchnerista, llevará a algún buen sitio o seguirá en su afán de ver quien tiene el miembro más largo y se agarra la mejor mina. Que se entienda bien la dicotomía “me quejo de lo que pasa y después digo que esta bien”. No es es todo blanco y negro. Creo que estos debates podrían ser productivos, informativos, esclarecedores, lejos de parecerse a una página de chimentos y amoríos. Prefiero que haya cruces de opiniones a que haya silencio o anuencia. Prefiero no coinicidir y buscar como fundamentarme en lugar de hacerme el que se y agredir. Prefiero que siga creciendo el abanico informativo en lugar de agarrar un control remoto. Prefiero todo eso, porque de esta manera, cuando mi hijo me pregunte, “¿pá, qué pasa?”, yo lo pueda mirar a los ojos, y contarle una verdad.

Crónica de un día en la calle

11 Mar

13:50 hs. Parto rumbo a Parque Patricios desde Lanús. Hace mucho calor, el típico que hace en marzo, a pesar de todavía estar en verano, uno cree que el calor termina con la temporada veraniega, pero no. El verano siempre se guarda tres o cuatro días con temperaturas muy altas para recordanos que todavía esto sigue. Como les decía salí con mi auto a trabajar. Mi primera parada es Parque Patricios, a unas diez cuadras de la cancha de Huracán. Ni bien me adentro en la avenida Velez Sarsfield, un cantidad increíble de autos, camiones, micros, fletes, motos, taxis, semi autos, semi camiones y semi fletes yacen parados sin mostrar indicio de movimiento alguno. Me toma quince minutos hacer 10 cuadras, y ante la atenta (o simulada) mirada de los policias que veía en las esquinas, opto por buscar alguna calle alternativa, tratando de evitar semejante embotellamiento. Para mi suerte, al doblar en Finochetto, me encuentro con que las tres primeras calles paralelas a la avenida Velez Sarsfield, son mano al sur, por que mi posibilidad de encontrar alguna vía de auxilio se ve coartada. No obstante el camino me lleva tras doblar en una plaza y tomar otra avenida, al barrio de Constitución. En lugar de acercarme, claramente, me estaba yendo a la mismisima mierda. Ya esa altura el ánimo distaba de ser el mejor, ya empezaba a putear al aire y encima el tránsito no cesaba, toda arteria que tomara estaba colapsada. Luego de muchas vueltas y de cruzarme a un colectivo de la línea 138, que a sabiendas de que todo era un quilombo, decide conducir por el medio de la calle, haciendo todo aún más lento, cruzo la avenida Jujuy, y estaciono a 3 cuadras de mi primera parada. Es ahí donde me doy cuenta el porqué del caos. Primero, habían cortado el puente de Pompeya, vaya uno a saber porqué, y segundo, en la cancha del globo, justo este día, la presidenta de la Nación celebraba un acto partidario. Ete aquí, que para la muchedumbre seguidora, cualquier calle y/o avenida, pasa a ser propiedad de ellos, entonces sus colectivos ocupan 3 carriles de la avenida Jujuy, muchas calles aledañas y cualquier esquina/asfalto para saltar, gritar, juntarse y marchar hacia el estadio. La policía, lejos de advertir, notificar, avisar, o simplemente informar, mira como todos nos volvemos locos, tratando de cumplir con nuestras obligaciones. En fin, esta primera travesía duró exactamente 55 minutos. En un día normal, el tiempo estimado es de un cuarto de hora. (más…)