Tag Archives: ficcion

La penumbra de la vida

6 Mar

Mirá la luna. Ahora mirá abajo, no tanto.
Ahí nomás, apenas inclinada a la derecha hay una estrella,
ves que brilla fuerte,

bueno, ahí está

 

I

Como todas las semanas, llevó la ropa recién planchada al lavadero de la planta alta. Desde hacía exactamente tres meses, esa era una de sus tareas en la repartija que le tocó cuando se decidió darle una mano importante a su madre. En esa tarea, daba cada paso despacio, imprimiendo en su memoria cada segundo de esa rutina que sabía, sería fugaz. Miraba, olía y estudiaba detalle por detalle cada rincón de la casa y de ese recorrido. Ese día hubo dos cosas que le llamaron la atención, primero que la pila de ropa cada vez era más chica y segundo que un pequeño destello de luz titilaba desde el fondo de la habitación. Tal vez, modificar el recorrido hacia el lavadero haya activado en ella ciertas señales receptivas a encontrar espacios nuevos. Subir la escalera y pasar primero por el pequeño patio interno que separa ambos dormitorios para luego volver al pasillo, fue, indudablemente, algo distinto.
Apoyó la ropa en la mesa y corrió la cortina de la ventana para que entrara el sol, odiaba la oscuridad, y más si era de día. La terraza con sus enormes macetas y el final en forma de ele del lavadero a un costado era un paisaje que tenía olvidado. Pensó si acaso la ultima vez que estuvo en ese lugar no fue aquel verano, hace ya 20 años, en el que una batalla de bombitas de agua tuvo lugar en toda la casa y ella optó por elegir ese punto clave de la casa para lanzar sus proyectiles. En ese instante dio cuenta que ese destello de luz, visto minutos antes, se había esfumado, luego de dudar un poco, volvió a cerrar las cortinas. Retornó entonces aquella pequeña luz, que aparecía al final de la habitación, allá lejos, en la prolongación del lavadero, esa parte de la casa que nunca se visitaba. Sintió curiosidad y sin darle mucho espacio a la duda, caminó por el pasillo para ver que era.

II

Un antiguo candelabro cubierto con mucha cera, predominaba sobre la pequeña mesa circular de roble, que recordó, era la mesa en la cual guardaban los licores y bebidas en días festivos. A su lado, un confortable sillón victoriano, le daba más volumen al cuarto, que entre muebles de carpintería, retazos de telas y ovillos de hilos de colores, era la mezcla perfecta entre un  taller de artesano y otro de diseñador de ropa. Ese rincón, que otrora servía de depósito de cosas inútiles, ahora era un espacio de creación que ella estaba descubriendo. La curiosidad se volvió asombro cuando pudo ver, apoyado sobre el sillón una pila de cuadernos de tapa dura. Eran varios y de dos colores; uno azul; el otro, rojo. Tenían etiquetas escolares en el costado superior derecho con el nombre de ella y su hermano. Cuando se dispuso a abrir el suyo, escuchó la puerta y vio, apoyada sobre el marco a su madre con dos tazas de te en la mano. Con un dejo de cadencia en la voz le ordenó que se sentara. Deja el libro, sentenció. No alcanzó a primerear la hoja que tenía apartada con los dedos, dejó el cuaderno torpemente y se sentó en un banquito de madera que había por ahí.
Es de tilo, el que te gusta a vos. Vamos a charlar un rato, finalizó la madre. (más…)

Aldana atrás

30 Abr

Como la cosa a mi mamá le daba miedo, por ese tema de los robos y afanos, de que te matan por dos pesos y que había mucha inseguridad, las reglas me fueron establecidas taxativamente: nada de salir a jugar a la calle; se puede salir siempre y cuando estén todos tus amigos y sea después de la hora de siesta, porque la gente duerme, ¿entendes? Si mamá respondía con cara de puchero, y pensaba en voz baja porque me rompía las bolas con la siesta si ella nunca se acuesta. Además me había advertido que a la primera queja o principio de riña con vecinos o amigos: me iba para adentro. Claro que mi mamá no era tan dictatorial o al menos, conocía que para nuestras limitaciones existía un escape. Y ese escape, era el jardín del fondo de mi casa. A pesar de haber renegado los primeros instantes de jugar a la pelota en un patio de 40 baldosas por 40 baldosas -así lo recordaba mi hermano siempre que mi madre se quejaba por alguna alegría rota o el potus en el piso-, al tiempo le encontramos la vuelta y todo se solucionó cuando en mi cumpleaños el regalo fue un arco de plástico tamaño futbol 5.
Así fue que las tardes se pasaban en ese fondo, frecuentemente acompañado de algún amigo (siempre dije que las máximas impuestas a nosotros también lo fueron para mis compañeros. Nada mejor para una madre tenue que una madre con ideas claras en el marote), con muchos partidos y sus posteriores meriendas, memorables, por cierto. Sin embargo hubo un momento en donde nuestras tardes comenzaron a complicarse. El fondo de mi casa daba al lateral de la casa de atrás que tenía un parque enorme y pegado a la medianera un galpón de chapa. En esa casa vivía un matrimonio con sus dos hijos, los cuales nunca supimos si eran grandes, chicos, mujeres o varones. Una tarde de sábado, Tiago y yo, contra mi hermano y Juani estábamos jugando el bueno luego de un partido con una victoria por lado. El match era a 10 goles, estábamos igualados en 8 y en un momento Tiago le pegó muy fuerte a la pelota, tanto que ésta rebotó en una maceta, pegó contra el foco de luz -sin lamparita, por supuesto, rota antes- y cayó en la casa vecina. El que las hizo las paga, es la regla, y entonces Tiago tuvo que ir a buscar el balón. Desde las dos de la tarde hasta las seis, no solo suma cuatro horas de juego, sino que también resta mucha paciencia en aquellos individuos proclives a la furia. Fue así que la conjunción de ciertos factores hizo del papá de la susodicha casa un Panzer desquiciado sin control, un ser virulento y por demás dañino. Desde nuestra posición escuchamos el timbre, el portazo, los gritos y lo peor; el estallido. (más…)

Un beso de buenas noches

17 Dic

Tete tenía un año y medio. No hablaba mucho, en realidad repetía monosílabos y algunas palabras como “mamá, papá y tete”, y a pesar de eso se hacía entender muy bien. Tete tenía una facilidad asombrosa para desenvolverse y responder ante cada pregunta que le hacíamos, era el claro ejemplo de que no hace falta hablar a borbotones para hacerse comprender. Tete jugaba mucho, le gustaba andar con autitos por toda la casa y tenía un muñeco de Batman –que le había regalado una tía en un viaje realizo a EE.UU. meses atrás- y otro del Topo Gigio que eran su compañía siempre. Adonde el iba, sus muñecos lo acompañaban; o con Batman al patio o a correr por la casa, o con el Topo a dormir, a comer o a caminar. Tete no hablaba aunque con ellos siempre mantenía un dialogo indescifrable para nosotros.
Hubo, sin embargo, algo en los quehaceres de Tete que me sorprendió y diría aún más, me conmovió. Cada noche, después de cenar y pronto a irse a dormir, mientras nosotros terminábamos de ayudar a mis padres a acomodar la mesa, Tete se iba a su pieza. Sólo. Habíamos separado mi habitación, que era grande, con un biombo e hicimos un pequeño cuarto para Tete, lo suficientemente cómodo para que pueda tener su baúl con juguetes, su cama y un afiche grande de Tom & Jerry, sus dibujitos preferidos. (más…)

Memorias de una foto

31 May

Recuerdo que fue una tarde de visita a la casa de mis viejos la que me reencontró con ese antiguo cajón de fotos. Me gustaba sentarme solo, de vez en cuando, a mirar esas imágenes, entre otras, pasadas y añoradas postales de mi infancia y mi familia. Yo no era aún tan mayor como para pensar mis albores ya tan lejos, aunque siempre estuvo presente en mi memoria. Y entre ese manojo de fotos sueltas apareció una de ese grupo de amigos. Eran risas y brazos al hombro y complicidad y libertad juntadas en una tarde otoñal subidos a un viejo jeep verde, con el decorado de fondo de la -nuestra- calle vacía, mojada y gris. Recuerdo que ese auto, que casi pasaba a ser chatarra más por su pasado que por su estado, supo adornar la esquina del barrio por un buen tiempo.
Los días fríos han calado mi ser de manera muy profunda, a tal punto que me he vuelto imbatible a la hora de comparar (y defender) aquellos otoños e inviernos con los que nos tocan hoy, porque supongo, esas estaciones deben extrañar aquellas épocas en las que el abrigo era una prenda necesaria e indispensable durante casi un semestre y no un atuendo, que hoy, se usa apenas algunas jornadas y sobre todo para coronar el maquillaje. (más…)

Un penal partido en tres

9 Nov

Seba Sanchez no tiene facebook pero sí sabe escribir y de paso tiene un programa de radio para comunicar sus pasiones. Gonzalo Ruiz es periodista, de Mendoza y también escribe. A ellos los invité a realizar un cuento, que en principio me había olvidado en algún lugar y que luego se me ocurriese invitarlos para que me ayuden a terminarlo. El cuento, como no podía ser de otra manera, era de fútbol. La excusa perfecta para unir a tres personas separadas por muchos kilometros aunque encolumnados detras de la misma causa. Entonces surgió este relato, que empieza en Buenos Aires, pega un tirón hasta Uruguay y mete un salto hasta Mendoza. Espero que lo disfruten, tanto o más como lo disfruté yo. Y yapó a Seba y Gonza.

─ ¡Callate, Foca! No ves que ya cobró─ increpó Aníbal.
El Foca era de por sí calentón y se puso peor porque íbamos uno a uno y faltaban cinco para que terminara el partido. Aníbal lo agarró y se lo sacó de encima al árbitro, pero el Foca estaba como loco.
─ ¡¡¡Pero si nos quiere cagar!!! ¿Qué me sacá? No ve que es un marmota─ el Foca seguía.
─ ¡Pará boludo! Ya tá. Callate que te van a echar ─ saltó Leche desde el arco.
Leche estaba confiado, por eso quería que le patearan el penal. Se había morfado el gol del empate y quería revancha, por eso no se movía del arco. Se quedaba quieto ahí para que se apuraran y se pateara el penal.
─ ¡Dale, dale, pajero! Vení. Ya tá─ Al final entre Aníbal y Esteban lo frenaron al Foca.
El árbitro era impresentable, se vendía solo, un viejo fracasado que no sólo fue un jugador frustrado sino también que lo fue en las ligas amateurs, por eso se deschaba su impune elección de juez, estaba inmutable esperando una última reacción del desquiciado jugador para echarlo, porque el Foca era calentón pero no boludo, le gritaba y cuestionaba pero no insultaba.
─ ¡Te hiciste el canchero, más vale que la atajés porque te meto el guante el orto y te hago un enema con los Reusch!─ amenazó Juan al Leche antes de que se disponga a hacer sus movimientos para amedentrar al ejecutante.
Quizá el resto del equipo se calentaba o bien trataba de calmar los ánimos, pero para Juan este partido era especial. Juan era callado, de pocas palabras aunque a veces muy sabias. El año pasado se perdió un gol debajo del arco contra el mismo equipo y eso le valió (le vale) ser el objeto de todas las cargadas cuando se juntan para comer algo cada fin de mes con el resto del grupo. Por eso, Leche notó que en esa amenaza no sólo estaba su intención de romperle el culo sino también la de vengar tantas cargadas no merecidas e infames, si tenemos en cuenta que ninguno del grupo es digno del hall de la fama sino más bien, apreciados integrantes del club de los rústicos. (más…)

Empleo del beso

6 Oct

Déjeme mencionarle que el beso, a pesar de tener variadas y agraciadas aplicaciones, posee a su vez, usos que rozan la falta de acato. Aquí, en mi país, el beso en algo tan común, pero tan común, que lo único que se me viene a la cabeza para poder describirlo es que es tan usual como los besos que se brindan las damas y sobre todo caballeros en los vernáculos mafiosos italianos y americanos. Aquí, no es moco de pavo, es algo importante, clave y hasta le diría, definitorio. Muchas personas juzgan a su par de acuerdo al beso que da. Aquí nació, como tantas otras cosas, como una costumbre traída por los barcos europeos, allá por los siglos del descubrimiento. Seguramente, en los pobladores primitivos de estas tierras, dicho acto no sería el empleado entre sus pares y casi con certeza sería reservado para los ámbitos más sublimes y privados.
Sin embargo, aquí, como en muchas otras partes, el beso entre tantas otras aplicaciones y recursos, sirve para saludar, dar la bienvenida, recibir o despedir al prójimo. Y es aquí, mi querido señor, donde yo voy a detener y ahondar mi relato. Porque bien conozco que hay besos para sentenciar, para liquidar, para erotizar, para enamorar y un sinfín de cosas más. Pero el beso del saludo, el de entrada o salida, ese beso es el que me atañe en esta ocasión, porque sepa entender mi amigo, no es un simple gesto. No señor, es algo más. Significa la demostración de cariño o afecto, el afable sentir ante una amabilidad o la alegría por la presencia efectuada. El beso es el tema y aunque le suene obsesivo o hincha pelotas, con el perdón de la palabra, diré que ahondaré aún más mi ensayo y me detendré en el beso masculino, porque bien sabe, el beso hombre mujer o mujer mujer tiene muchas acepciones, ahora bien, el beso hombre hombre tiene pocas y salvando excepciones, únicas maneras de efectuarse, y aquí estimado, aquí es donde quiero detener la lupa y amplificar y analizar este suceso. (más…)

¿Dónde está? ¿Dónde estamos?

23 Ago

¡¡¡Una delicia del gran Ernesto Arriaga!!! No sólo nos espanta de los desastres automovilísticos diarios, sino también, utiliza la pluma -en este caso el teclado- para que conozcamos un poco más cada rincón de nuestro país.
Con gusto, presentamos este nuevo cuento invitado, ¡gracias Ernesto y a seguir con el reporte!

La obra vial nace con  el dicho de que todos los caminos llegan a Roma… ¿Por qué? Porque el Imperio Romano conquistó toda Eurasia a través de los caminos con sus carros. Nuestro hermoso país se construyó a través del ferrocarril y de sus rutas. ¿Dime tu dónde estás Manuelita? Y Manuelita está en la Ruta Nacional N° 5, en Pehuajó. ¿Dónde está la ruta del Gran Libertador? Desde Plumerillo cruzó a Chile por la Ruta Nacional N° 7. ¿Dónde está la reserva más grande de agua dulce potable? En la Ruta Nacional N° 40, en Santa Cruz. ¿Dónde está la Ruta del Vino? En la Ruta Nacional N° 40 en San Juan, Mendoza y Salta. ¿Dónde está la caída del segundo chorro más alto del mundo? En las Cataratas del Iguazú, en La Ruta Nacional N° 12, Misiones.¿Dónde está el único túnel subfluvial? En la Ruta Nacional N° 168, en Entre Ríos. ¿Dónde está la laguna La Picasa que devoró a una ruta nacional pero que fue reconstruida? En la Ruta Nacional N° 7, en Santa Fe. ¿Dónde está el paso internacional de mayor altura a 4916 metros de altura? En la Ruta Nacional N° 52, provincia de Jujuy. ¿Dónde está el pico más alto de América? (más…)

Ojos de viajero

2 Ago

Basado en un viaje contado


La ruta gris y pálida se extendía a lo largo y el sol se escondía rápidamente detrás de la pre cordillera, ansioso quizá de que llegue el verano o advirtiéndome, a lo mejor, lo que me esperaba adelante y vergonzoso de ser testigo. Después de tantos años podía aprovechar una semana entera para tomarme vacaciones., diez años exactos desde mi último receso y este. Este viaje, al menos en los dos primeros días, apuntaba a ser un lindo y provechoso descanso. Catamarca me gustaba, su capital y su gente no eran tal como me lo habían pintado y ese paisaje montañoso y quieto me recordaba mucho a mi infancia.
Un paisano de Huillapima, una paraje a unos cuantos kilómetros de la capital, me comentó de un monte muy especial cerca del límite con La Rioja. Había que continuar por la ruta en la que estaba -la 38-, y “caminar unas dojoras y lo vavé mi amigo” (no me olvidaré nunca de las últimas cuatro palabras). Dos hora caminando serían unos veinte minutos de auto, saqué un cálculo rápido y supuse que yendo a una velocidad moderada llegaría a destino antes del atardecer y así podría apostarme en “el mejor monte qui ai en Catamarca pa’ ver al sol”. Compré un par de cosas que comenzaban a escasear en mi heladera portátil y rumbee hacia ese lugar. La ruta era llana, con poco atractivo alrededor y más que algún guanaco corriendo por los pastizales no había nada que llamara la atención. Sí veía el contorno del monte y eso apresuraba mi marcha. A los pocos kilómetros de mi viaje -serían unos doce minutos de andar- frené la marcha porque un paisano estaba arreando unos guanacos. El sol, que empezaba a esconderse molestó mi vista y al correr mi cara para evitar ese reflejo molesto, vi que detrás de la figura de ese lugareño surgía la de una vieja y abandonada estación de servicio; un paraje con su nombre pintado groseramente sobre la fachada al que le colgaba una bombita de luz por encima de la puerta principal y de ventanas tapadas por cortinas espesas y roídas. En la vereda un puñado de pibas, más que pibas, nenas de unos 15 años ofrecían su figura juvenil y vigorosa a cambio de algo, que seguro, a ellas no le quedaría. (más…)

@técnico

3 Jun

Mi carrera como DT siempre fue regular. He ganado varios partidos, perdido unos cuantos, pero si tenemos en cuenta que esta era la primera vez que dirigía un equipo “de los grandes”, puedo decir que lo que llevó a dirigirlo no fue mi capacidad ni mi curriculum, sino la suerte. Con el cambio de la cúpula directiva por elecciones, justo a la mitad del torneo, el presidente electo decidió buscar como excusa una derrota ante el clásico rival, para echar al DT -recuerdo que fue el pase del verano, más que la de cualquier jugador en ese momento- ya que no era de su estilo y quería contratar al ídolo total de la hinchada y jugador ilustre de la institución. Por eso, decidió cancelarle el contrato, no sin antes aclarar, que se le pagaría todo lo pactado en los papeles. Dato no menor, si se tiene en cuenta que el club había vendido a su máxima figura y un par de juveniles en ascenso, para poder costear semejante sueldo. El tema fue que JP Vizmarra, el ídolo en cuestión, no quiso agarrar el equipo a mitad del certamen y prometió si hacerlo en el inicio de la nueva temporada. Entonces el presidente entrante, eligió la vía más corta y fue a buscar DT a las inferiores. Y casualmente, el DT de la reserva, era yo. Había llegado, justamente, de la mano del técnico anterior, fue así que tuve que tomar las riendas de un equipo que andaba en la mitad de la tabla, pero no tan lejos de la punta. Como estos torneos son bastante raros, de medio pelo digamos (ya no es lo que era antes. Antes sí eran torneos de la hostia), no le di vueltas al asunto y acepté, aún ante la amenaza impuesta; “miré que tiene que terminar entre los 4 primeros, ¡nada de excusas eh!”. (más…)

Epifanía I: Semi-Rápido

13 Abr

Seguimos sumando cuentos, en este caso un cuento escatológico. Muy genuino y que habla de la valía del autor, reconociendose a sí mismo, como un vil ladero de los Gases del Olimpo.
Gracias Tin.

Epifanía I: Semi-Rápido

Epifanía: según la Real Academia Española significa: Manifestación, aparición. Fue la primer palabra que se me vino a la cabeza cuando sentado en el inodoro de pronto se me había manifestado sobre lo que tenia que escribir. Quizás, acaso, porque la palabra epifanía tiene que ver con lo que a veces se nos escapa entre las nalgas; porque es sin dudas una aparición, una manifestación. No se si puede llamarse milagroso, pero si muchas veces, cuando se nos cae un pedo,  nos preguntan “¡¿que tenes ahí adentro?!”, entonces uno se cuestiona de donde salen esas cosas.

Una vez hasta recuerdo haberme sorprendido yo mismo, no puedo olvidarlo y todavía busco respuestas. Yo estaba en el colectivo, era temprano… invierno, vidrios empañados, un colectivo lleno…repleto de gente, de esos que te subís y cuando te acomodas, estas tan cerca del vidrio que podrías saludar con la mano al pasajero del colectivo que frena al lado en el semáforo. En eso estaba yo, cerca de la puerta trasera, de pie agarrado de uno de los parantes para no caerme de como te aprieta la gente. No me sentía muy bien ni tampoco recordaba que había comido el día anterior pero si notaba que mi panza estaba sufriendo cambios climáticos. En un momento lo noté, de repente un viento interno cambio de dirección y supe que se dirigía al exterior como un misil tierra-aire de la fuerza aérea de USA buscando el bunker de Saddam…y dije: “nooo, quieto ahí, cigarrillo 43″… lo intenté, créanme que lo intente…pero no se cómo… se me escapó. (más…)