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Entender para comprender

29 Nov

Desde algún lugar; desde algún pedestal, esos donde se paran y vociferan los distintos actores del mundo del fútbol, tendrá que emerger una figura que baje los decibeles de este deporte y de sus integrantes. Y que explique las cosas como son. Hoy, lo más cuerdo que se puede leer y que ayuda a entender el juego (fútbol) surge de pocos periodistas –Arcucci, Fernandez Moores, Wall, Burgo, Varsky, Latorre, Pacini y dos o tres más- y de algunos periodistas o pseudo, que usan Twitter como medio para expresarse.  El resto de los medios, no ayuda a entender, sino a informar o amplificar noticias.
Tómese el caso del clásico de Racing Independiente, el domingo pasado. “Baile”, “paliza”, “apabulló” y similares fueron las expresiones para describir la victoria del local. Puede que el resultado confunda –aunque fue rotundo y justificado- pero de ahí e informar que Racing “bailó” a Independiente hay un abismo. De cualquier tipo.

El partido tuvo 45 minutos totalmente parejos, donde la capacidad individual de un jugador (López) sobresalió por encima del resto. Una etapa inicial dónde claramente se vislumbraba las dos antípodas de este juego; crear o destruir. Independiente, con este nuevo estilo y de la mano de un inexperimentado DT, intentó jugar, crear, armar, generar juego. Y Racing, fiel al estilo de un técnico experimentado, se ocupó de destruir o impedir lo que el rival proponía.
Ahora bien, ¿es inválida la propuesta de Racing?, ¿es desleal?, ¿es antirreglamentaria? Para nada. Es, como bien se sabe, una de las dos maneras de jugar al fútbol. Resultó ser que su plan, táctica o estrategia -lo que mejor le plazca al lector- le salió a la perfección. Por otro lado, Independiente, inmiscuido es este nuevo estilo que Gabriel Milito trata de inculcar, convencer e incorporar, buscó con pocos recursos y sin planes alternativos, desdoblar a un rival que estaba realizando una excelente labor defensiva.

En la segunda parte, sorprendentemente Independiente volvió a empezar un partido “paveando”. Casi tomando en chiste esa especie de advertencia que tuvo Lisandro López cuando en la semana habló de como juega su equipo y que en las segundas partes se tira atrás a defender la ventaja, olvidaron o creyeron que esta vez volverían a repetir lo hecho en partidos anteriores. Error. De principiante. De inexperto. De no profesional. Sí algo iba a hacer Racing en su cancha, con su gente y con el resultado a favor, era efectivamente, buscar otro gol para callar esos reproches que bajaban de la tribuna ni bien habían hecho el primer gol. Entonces, ante ese panorama, los jugadores de Independiente comenzaron el segundo tiempo pensando que todo sería un arduo peregrinar hasta el área de Orión, pero con sus rivales mirando. Otro error. (más…)

Si yo fuera (oda al tiempo)

13 Feb

Si yo fuera el presidente de Independiente, me sentaría a hablar con el técnico y le diría: “Jorge, laburá tranquilo, a pesar del lobby en contra tuyo que hacen Olé y TyC, vos confía en mi palabra y no te preocupes si los resultados al principio no salen. Tampoco por lo que diga la gilada o los periodistas. No te olvides que este torneo no importa, lo que sí importa es llegar a la final de la Sudamericana, clasificar a la Libertadores y que este torneo te sirva para armar el equipo que pueda ganar la copa. ESO es lo que queremos. ESO es nuestro objetivo. Trabaja, tran-qui-lo. Y no te olvides de estas dos metas que te estoy diciendo”.

Lástima que no soy presidente de Independiente.
Este torneo que empieza hoy es un eslabón más de la penosa cadena a la que está atado el fútbol argentino. 30 equipos. Una paparruchada. Entonces, si yo fuera, analizaría el contexto. ¿Qué tiene Independiente hoy por delante? Un torneo largo, donde (apuesto), el campeón será el más regular y no el que mejor juega (como pasó en el anterior), donde sabe que a pesar de tener equipos de la B en primera y que en teoría vienen de paseo, esos equipos cuando juegan contra un grande lo hacen como si tuvieran por delante el séquito de todas las divas de Hollywood dispuestas a darle amor eterno (?) y se matan por ganar ese partido. Y con un plantel que, reforzado y todo, sigue teniendo falta de recambio en puestos claves (central, volante de recuperación, nueve de área) y si la suerte no acompaña y hay lesionados, el panorama será el mismo que el de torneo pasado; jugar con juveniles que se están formando como jugadores.

Al respecto de esta última frase es importante aclarar que se le cae con balas y bombas a pibes que apenas tienen un puñado de partidos en primera, que juegan nerviosos porque ni bien tocan la pelota 30.000 personas lo putean al unísono. Entonces, pensemos un poquito, hincha de Independiente. Caigámosle a Papa que tiene 300 partidos en primera, por ejemplo, no a Villalba que tiene 30. Estamos todos locos. No intento analizar las cualidades de algún player en particular, sino de analizar lo que tenemos y cómo lo tenemos.
Si yo fuera, pensaría que este torneo, que encima dura un solo año, puede servir de plataforma para armar un equipo que pelee y pueda tener chances de ganar copas internacionales. Que te de prestigio (recuperarlo, ya que el torneo local te lo quita aún más), que levante el club y lo ponga en otro plano. Pensaría en utilizar este torneo, y los que siguen hasta que todo vuelva a la normalidad (dicen, en el 2016), para formar un equipo serio, crear mística y un estilo de juego definido, claro, que traspase la línea de la primera división y sea el punto de partido en las divisiones inferiores. Utilizaría a los juveniles para que se desarrollen en el torneo local, dejando las figuras para las copas. Como son cuatro años, si se logra una regularidad y se da tiempo a que el jugador se vaya desarrollando normalmente, por consecuencia es muy probable que se logre algún campeonato local. Todo es tiempo. (más…)

Cuando la pobreza es abundancia

23 May

Independiente esta a tres fechas de redescribir su destino. O bien puede mancharlo aún más y arruinar lo -casi nada- que le queda de prestigio, no ascendiendo y teniendo que esperar seis meses (eso dicen) para subir a la primera, o puede matizar un poco esa sombra que lo va acompañar toda su vida, ganando los partidos que le quedan y ascendiendo a la primera categoría del futbol argentino. Hablar de categoría es ciertamente confuso. Cito textual de la R.A.E.: Categoría: Cada una de las clases establecidas en una profesión, carrera o actividad. Sirve, esta definición, para echar por tierra esa idea de que la primera división argentina es cenit al que aspira todo equipo de las divisionales menores. Más aún con el mamarracho que dicen van a hacer a partir del 2015. Aunque mejor no inmiscuirse en ese tipo de basuras y estupideces; cuando llegue, llegará. La mierda, a esa altura, no se va a notar.
La posta está en que Independiente “tiene” que ascender. Ahora bien, alguien, en este año que pasó desde el descenso hasta hoy, alguien en lo que va del torneo, alguien, analizó lo que tiene Independiente. Lo que es hoy Independiente. Alguien se pudo a pensar, siquiera un segundo, lo que le piden al técnico y a los jugadores. ¿Con que material pelea Independiente para ascender? Independiente no tiene nada. En todo su plantel debe haber 3 o 4 jugadores que puedan darle un pase al pie del compañero. ¿¡Hasta donde exigimos a un equipo cuya virtud todavía la están buscando porque no tiene!? (más…)

Independiente es literatura

3 Oct

Aquella tarde de sábado soleada y templada de junio,  que se presagiaba dramática e irreversible para los designios de Independiente en su irrefutable camino al descenso, casi consumado una semana atrás, cuando en Núñez la taba se inclinaba inexorablemente para marcar, casi de manera infame, el futuro de los rojos, yo elegí comenzar la jornada leyendo cuentos. Y cuando digo cuentos me refiero exclusivamente a relatos de fútbol. Para ser más preciso, leía solo aquellos que se referían a Independiente o a alguna gloria del otrora ejemplar club de Avellaneda.

Había comenzado el día bien temprano. Los nervios y la cabeza que no paraban de rememorar hechos pasados, buscar cambios futuros, ilusionarse con milagros y con utopías. Así no pude más que obligarme a encontrar algo que me despejara de esa incómoda situación. Ni el hecho de jugar con mis hijos me desconectaba. Y aparte, naturalmente mis ánimos estaban un poco trastocados y llegar a rozar un atisbo de descarga hacia la humanidad de dos chiquillos de 2 y 4 cuatro años por el motivo que fuere, dejaba de ser inmaduro, para convertirse en algo incoherente hasta pelotudo. Entonces, la lectura. Me acordé de que también están los libros. Que entre tantas finalidades una es justamente llevar al lector a un paseo inesperado. Elegir ese pasatiempo para esperar la hora señalada me pareció lo más sensato que podía esperar de mí para ese momento.
Era temprano pero ya tenía varias cosas claras, además la elección literaria, sabía, también que almorzar no podía. La comida o cualquier bocado se estancaba en mi esófago por horas y se olvidaba de su recorrido hacia el estómago para convertirse en un nudo, un bola, un dolor que se estacionaba en mi cuerpo y duraba lo que el partido tardaba en consumarse, y más también. Por lógica, la mejor manera de evitar ese inconveniente era cagarse de hambre y solo ingerir líquidos. También sabía que las cábalas no me servirían de nada -una nueva por cada derrota o empate, había saturado mi capacidad de resignación ante cada fallido intento por darle a ese Independiente algo que no tenía y que creía, que con mis artilugios mágicos y esotéricos podía brindarle-.
Con lo cual me dispuse a superar ese trance de la manera más natural posible. Lo que mi cabeza o la poca fuerza que le quedaba a mi corazón de hincha luego de bancarse tantas decepciones, dispusieran. Sin embargo, aún satisfecho por la honrosa manera de atravesar  el litigio, agarré un libro como cuando un niño duda en aceptar ese caramelo que le ofrece el almacenero cuando acompaña a la madre a hacer las compras. Y lo tomé, así como quien no quiere la cosa, como quien lo agarra para hacer que hace algo, sin motivo alguno o finalidad clara, a pesar de que creía tenerla. (más…)

La hinchada

17 Jun

rojoHay varios enfoques para explicar el porqué del descenso de Independiente. El más pertinente es el futbolístico, porque es el que puede llevarse a debate, a analizar en profundidad y a buscarle el origen a esta debacle. Sin embargo, prefiero hacerlo desde el lado pasional. Desde el costado emocional, porque ahí tengo una verdad y solo una. La mía. No porque sea autoritario o demagogo, sino porque es pasión. Y la pasión, es como el ser humano, las hay parecidas, nunca iguales. Por eso prefiero escribir desde las emociones que se generaron en mí, mientras iba viendo como descendía Independiente.
Cuando la resignación es tan abrumadora que te saca del foco futbolístico para meterte en la piel de la camiseta y sentir que es no poder, ya no importa el resultado, ni el porqué, tampoco si no tuviste suerte, si las milochocientas cábalas no te funcionaron, si el árbitro no ayudo y si los rivales “ahora juegan bien”. Sólo importa la manera. Y no me refiero a la manera en que el equipo pierda o enfrente su lado más oscuro. Hablo de la forma en que el hincha recibe ese mazazo, como se para frente a ese momento y de que manera lo enfrenta. Cuando las miles de almas que el sábado estuvieron en la cancha, entendieron que el final era inevitable –a pesar de que muchos ya lo tenían asumido mucho tiempo antes- y entendieron que lo que había que hacer era gritar cuán fuerte y potente pueda la garganta y juntar todo el aire posible que los pulmones pudieran aguantar para sostener ese grito en el tiempo, lo que hicieron fue elevar la categoría de un club (de fútbol) que hacía años la había perdido. Perdido entre otras cosas, porque en los últimos 24 torneos, ganó, peleó en dos y en los restantes terminó de mitad de tabla para abajo. Ese aliento, logró que se estremezcan y regocijen de emoción y orgullo esos hombres (esas ánimas), que décadas atrás hicieron de un grande un gigante. Que desde una tele, una radio o un monitor miles de personas empaticen (y no solamente simpaticen) con lo que es ser de Independiente. Ese aliento, esas ganas de no querer irse del estadio para vitorear esos colores, para enaltecer esa camiseta puso en la órbita de lo extraordinario lo que la pasión y el amor por algo ilógico pueden lograr.
La hinchada de Independiente, que nada tiene que ver con la nefasta y mercenaria barra brava, le recordó al fútbol argentino que hay cosas con las cuales no se puede luchar. Y hablo de esa pasión. La misma que seguramente tiene cualquier hincha genuino de cualquier club de fútbol del país, pero que pocos logran demostrarla desde el lugar que les corresponde y debe. Porque ningún hincha legítimo de Independiente puede vanagloriarse o alzar su voz repicando que el sábado no rompió nada ni generó disturbios. El hincha, el que vive fútbol, conoce que esa actitud lo iguala con la barra brava, con el pelutodo, el forro y el hijo de puta que solo va a la cancha para cagarle la vida al otro. No alienta. Lástima. Por eso, los que alentaron son los que entienden que esto es un juego. Que por más que duela, por más que no quieras que tu hijo llore de dolor, por más que quieras darle un beso padre al que tenes al lado y decirle que no moquee más, todo, todo, sucede por algo.

Lo que le pasó a Independiente sirvió para mostrarle a los que hoy los dirigen, los que mañana vendrán, estos que tuvieron los huevos de ponerse la camiseta, esos que ni un gramo de dignidad poseen y abandonaron a sus compañeros en pleno naufragio y aquellos que van a llegar, sepan, comprendan y entiendan, que Independiente no es ese club grande, que ganó siete libertadores y catorce títulos. No es un club que sale con la etiqueta de orgullo nacional. Tampoco el tiene una hinchada amargada o un equipo que, a pesar de nunca usar una casaca rosa, lo llaman así. Independiente no es esas tres últimas temporadas donde no pudo sacar ni siquiera en alguna de ellas 50 míseros puntos, ni esa dirigencia que pagó y paga para que periodistas lacayos salgan a defender lo indefendible. Menos es esta dirigencia que desde la ineptitud futbolística apresuró un poco más este final. No son estos jugadores que por más que “hayan puesto todo”, durante 38 fechas no pudieron contra rivales de categorías similares y hasta inferiores. Tampoco los que se fueron y mandan mensajitos por Twitter para simpatizar con el hincha.
Independiente es otra cosa. Es el viejo club modelo, ese que tenía dirigentes que pedían disculpas con lágrimas en los ojos si no podían pagar una mensualidad. Es ese equipo que se hizo hombre en plena adversidad y que desde su fundación priorizaba la ética y dignidad deportiva por sobre un resultado. Una institución que eligió una manera, un como, para lograr un fin y no solamente alcanzar objetivos porque sí. Independiente es esa estirpe que se transfiere invisiblemente entre padre a hijo, abuelo a nieto, amigo a amigo, hincha a hincha y que cuando tiene que decir de que cuadro es, pronuncia con fuerza y aplomo, con hidalguía y orgullo cada sílaba; IN-DE-PEN-DIEN-TE. Eso era Independiente y algo todavía es. Por eso, cuando pasa lo que pasó, solo queda quitar el sarro existente y volver a fundarse sobre la misma gloria en que se supo vivir.

Los títulos, las copas, los clásicos ganados son cotillón. Aderezan una historia que los precede. Independiente existe a pesar una conquista. Las conquistas por sí solas, no son nada. Potencian, sí, la estirpe ganadora. No la engendran. Las formas, las ideas, la mística, el honor y la dignidad, son el puente hacia el premio final. Pero no confundir; para llegar a la cima, se necesita de cimientos fuertes que te sostengan.

Apostillas de una victoria efímera

28 Abr

Independiente ganó después de largas fechas de no merecer, penar y, obviamente, hacer las cosas mal para no ganar. Brevemente, a horas del primer triunfo de Brindisi como DT del rojo, hete aquí algunas conclusiones para destacar:

         Después de jugársela con “jugadores de experiencia” en su debut frente a Rafaela, Brindisi cambió por “los que mejores estaban”. Mantuvo a Farías en el once, y puso varios juveniles que ya venían jugando. Terminado el partido –sin importar el resultado- lo contundente y valedero para un equipo, y ante todo, su técnico es; que al fútbol –y sobre todo peleando el descenso- no se juega con la experiencia, se juega con jugadores de fútbol. Y en esta definición, se sitúa, a priori, cualquier jugador que este físicamente apto para el juego y con condiciones futbolísticas a la altura de las circunstancias.

         Brindisi, armó el equipo con cuatro centrales, dos cincos, dos diez y dos puntas. Colocó a Fernandez de volante izquierdo, y Miranda y Montenegro sueltos. Arriba, solo, a Farías. En el primer tiempo jugó muy mal, no generó ni una chance de gol y no supo como atacar tampoco. En el segundo siguió igual –es mentira que el cambio posicional de Morel influyó en el juego-, con Miranda flotando si saber donde pararse, Montenegro muy lejos del área y sólo se insinuaba algo con el ingreso de Caicedo y la voluntad de Fernández. Los goles cambiaron el partido, y si mereció más fue por empuje que por juego.

         Al respecto de los de los delanteros, un párrafo aparte merece Ernesto Farías: desde que empezó esta segunda rueda, demuestra que no quiere jugar para Independiente. Lleva errados todos los mano a mano que tuvo, que fueron varios y hoy estuvo 5 veces fuera de juego en 45 minutos. Una barbaridad y algo inconcebible en un delantero profesional. Una lástima, porque ni siquiera aporta desde el esfuerzo, sólo resta.
Caicedo es un cúmulo de músculos aparatosos que van para adelante con la cabeza gacha cual toro en rodeo. Por ahora le alcanza, aunque es muy poco. Lo más esperanzador está en el paraguayo Fernández, que tiene recursos para alimentar las expectativas puestas en él. (más…)

Gol; esa maldita obsesión

2 Abr

“En Gimnasia, cuando Gregorio Pérez era el entrenador, el equipo no jugaba bien. Hubo una serie de malos resultados en cadena. Una de las falencias en los partidos era, justamente, la definición de las jugadas. Un miércoles, el entrenador armó ejercicios para romper con esa sequía en la red. Pero los remates de todos eran defectuosos. Gregorio Pérez, con el silbato en la mano, se quejabade lo que pasaba”. Cuenta Facundo Sava en su excelente libro “Los colores del fútbol”. Sava, hoy entrenador de Unión de Santa Fe, da cuenta de cómo la interacción del jugador con el técnico, sin rango jerárquico de por medio, puede lograr alcanzar objetivos deseados y a su vez dificultosos. La historia continúa con una charla que tienen Pérez y Sava, donde el jugador le comenta que los jugadores se sienten presionados y le recomienda repetir los trabajos; “pero permití que nos podamos reír de lo que nos pasa, que nos carguemos si la pelota sale a la calle, demos premios a la mejor definición y a la peor. No la tiramos afuera a propósito, vamos a alentarnos, a competir entre nosotros, a desdramatizar”. La anécdota termina con una práctica tal cual el jugador se la recomendó al técnico. Al partido siguiente el equipo ganó.

Hoy, Independiente vive algo similar, con el agravante que pelea por no descender por primera vez en su historia. En los últimos tres partidos creó más situaciones netas de gol que en todo el torneo anterior, no obstante, apenas marcó un gol. Algo de lo que cuenta Sava se puede aplicar a esta realidad del rojo. Y algo que muchos hinchas se preguntan es cuando será la hora que los jugadores se “saquen la bronca” de no poder hacer un gol. Si uno mira las últimas definiciones de los volantes y delanteros de Independiente, puede asegurar que el que mejor pateó hasta ahora, fue un defensor. Sólo Morel Rodríguez contra Boca pudo mandar la pelota a la red. Y pateando con esa furia que se contiene cuando las cosas no salen y no buscando hacer un gol lindo, con clase o hasta con displicencia –Caicedo ante Boca y Quilmes, Leguizamon ante Quilmes, Benítez ante Boca- es como se sugiere, abría que iniciar el camino hacía la remontada, a este paso, casi utópica. (más…)

El DT del relato

19 Ago

Dos cosas: Estas líneas iban a ser publicadas el 6 de Agosto, la ilusión hizo que no lo hiciera. Y, estas líneas no tienen ningún tinte político ni intentan serlo, simplemente usaré ese juego de palabras que refieren a nuestro actual gobierno y su manera de ver la realidad para graficar el mundo que Cristian Díaz, técnico de Independiente, dice ver y lo que nosotros, los hinchas, vemos. No importa, políticamente hablando, en esta columna, estar o no de acuerdo con la presidente.
Lo peor que le pudo pasar a Independiente fue ese famoso gol de Farías ante Boca, en el torneo pasado. Díaz, por entonces DT interino, elevó en cuestión de segundos su autoestima y ego hasta el cenit de la soberbia alcanzando a comparar su filosofía de juego con la de Menotti y Guardiola. Lo cierto es que esa victoria le dio un crédito que quizá el nunca imaginó tener (en todo caso, para merecerlo, hay que demostrarlo), a pesar de que días antes de ese encuentro, había rifado el poco prestigio que le queda al club, jugando con suplentes una instancia decisiva de la Copa Argentina y perdiendo ante Belgrano de Córdoba, que por las dudas, también había alineado suplentes. (más…)

El auge de un club diletante

28 May

Cualquier hincha de Independiente que haya visto el partido que ayer jugaron San Lorenzo y Newell’s y se haya imaginado lo que el hincha cuervo sufrió, transpiró, maldijo y celebró al final, deberá de recordar que dentro de un año, si el equipo de Bebote (?) sigue jugando de la manera en que lo hace hoy día, será muy factible que lo encuentre en un estado similar al que ayer tuvieron sus primos de Boedo.

La primera definición de la Real Academia Española sobre jugar es “hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse”, y una de las últimas dice: “Arriesgar, aventurar”. Solo un idiota o un iluso pueden pensar que en este país y en este fútbol Independiente puede jugar para entretenerse o divertirse. Un pesimista o realista creerán que hoy el Rojo está arriesgando y aventurando, pero no en su juego, sino en su prestigio (o el poco que le queda), su futuro y su historia. Apología al juego de asociaciones libres, bien podría jugar a arriesgar más y tratar de hacer algo con su manera de enfrentar sus últimos partidos.

Con Cantero como punta de lanza y algo más, los dirigentes que le sacaron el negocio a Comparada en diciembre, se han propuesto que para que el club empiece a caminar solito, primero tiene que solucionar sus conflictos más internos y luego sí darle la tranquilidad y paz necesaria a un grupo de jóvenes para que lleven a equipo lo más alto posible. La cruzada, batalla y guerra (todas definiciones del actual presidente) que sostiene contra las barras lo alejó de sus objetivos futbolísticos y lo centró solo en lo meramente institucional.
Cantero se equivoca cuando cataloga de guerra o batalla su pleito con Bebote y sus súper amigos. No es etiquetando sus objetivos de gestión con nombres bélicos lo que este ambiente tan hecho mierda y podrido necesita. La mejor manera que tiene de “ganar su lucha contra los barras” es gestionando y accionando. Su rally mediático hoy le es funcional a su idea, aunque mañana puede ser su enemigo –no nos olvidemos que esto es un gran negociado-. Los medios no son los mejores aliados para estos temas porque simplemente, ellos no ejecutan. Transmiten. No está mal que busque en canales y diarios emisarios para su mensaje, el problema está en que sólo queda en eso, en una emisión y nunca en una acción. (más…)

Independiente logró el punto de quiebre

12 Mar

Los hinchas de Independiente me atrevo a decir, con todo el riesgo que esto supone, gritaron un gol desde la base de sus pulmones luego de un año y 3 meses, cuando el Rojo salió campeón de la Copa Sudamericana. Ayer en la Bombonera, Independiente, que no le ganaba a Boca en su cancha desde el Apertura 2009, logró algo más que una victoria para recomponerse de su triste y paupérrima realidad, donde deja el poco prestigio que le queda hasta jugando la Copa Argentina frente a los suplentes de Belgrano de Córdoba. El resultado de ayer conjetura un trampolín para encarar lo que resta del torneo con una mentalidad ganadora y creer que a pesar del poco material que hay vigente, se puede jugar mejor al fútbol.
No sólo se le ganó al campeón invicto, sino también a ese Boca de años atrás, cuando de local juega con uno más. Ayer Laverni adicionó 9 minutos en total (4 en el primer tiempo, no sea cosa por dar dos, corte el envión anímico que significó el gol de Román/Ferreyra y 5 en el segundo período, motivo que solo se me explica porque justo Farías empató sobre la hora, distinta hubiese sido la historia si el marcador era 4-3)
A pesar de marcar cinco goles y de luego de muchos años encontrar un 9 a medida de lo que la camiseta requiere -oda a Denis-, Independiente no tuvo un juego brillante. ¿Por qué? De los 5 goles, sólo uno, el primero, fue de jugada colectiva. 3 fueron de pelota detenida y el otro de un pelotazo (ojo giles, no se critica de brillante definición de Farías). Cristian Díaz, que vive hoy su jornada de gloria, ni cuando era jugador le habrá sonado tanto el celular como hoy, dijo que planteó un equipo para arriesgar. Entendamos que arriesgar supone atacar en pos de dejar alguna concesión defensiva, algo que Independiente ya lo hace por naturaleza propia digamos. Así todo el técnico propuso atacar a Boca y ser osado en su propuesta, sin embargo, 7 minutos después del empate a 3 de Boca, sacó a Vidal para poner un volante de contención y si el Patito Rodríguez no se acalambraba (vale la chicana twittera de que ayer hizo más de 25 grados, motivo suficiente para entender porqué jugó bien) el cambio era Facundo Parra, repito, Facundo Parra por Ernesto Farías. O sea, cambiar un paquete de Oreo por una Okebón de dulce de leche. Es decir, el discurso del actual DT rojo dista un poco de la realidad. (más…)