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El sonido del recuerdo

21 Feb

Sí, sí ya sé. Pero dejáme decirlo. Estoy triste, ya se que no se puede viajar más como antes, pero lo extraño. El otro día estaba sentado en el cordón de la vereda, miraba la nada como esperando que algo diferente y me acordaba de ese ruido lejano. Parecía como si por más que no haya un viento fuerte la brisa traía ese vaivén de vagones y ese repique de los durmientes ante cada paso del tren. Mi casa quedaba lejos de la estación, ¿te acordás?, pero eran doce, trece cuadras las que me separaban de las vías. Y cada día, sobre todo los sábados y domingos, cuando el barrio callaba y el pasar de los trenes llegaba hasta mi puerta. Me acuerdo de tus palabras en algún domingo de tantos que pasamos; “¿no te gustaría viajar siempre en tren?”. ¡Sí!. Cómo no voy a querer si es precioso. Sí si, ya sé. Pero dejáme pensar en lo que nunca jamás sucedió y en lo que extrañaré toda la vida.
Porque la vida donde hay trenes es más linda. Como te decía, estaba sentado en el cordón, el calor que hacía hizo que casi no hubiera zanja y me puse a jugar con una rama en el verdín que se había formado. A pesar de tener sueño y olvidar mi siesta de todos los días, me senté y me puse a hacer dibujos con el verdín. Escuchaba el ruido de alguna tele que sonaba de fondo a un volumen muy -demasiado- alto dentro de alguna habitación, el quehacer de Loana lavando los platos (la cocina estaba cerca de la vereda, aparte ese día en particular estaba muy atento) y la calle. Escuchaba la calle y la miraba. Miraba las veredas, tranquilas, llenas de hojas y papeles, observaba los árboles, eran muchos, parecía que no nos dábamos cuenta de los tantos que eran, buscaba algo; un bicho, hormigas, alguna pintada en la pared, un auto estacionado… buscaba en realidad ese sonido.
La última vez que nos vimos salimos a patear el cemento con tantas ganas como cuándo éramos niños, en ese entonces éramos adolescentes grandulones, aferrados a esa melancolía que el barrio, los amigos y la vida nos da. Hoy te escucho en mis pensamientos, alguna lágrima se me cae porque empiezo a escuchar ese ruido… me acuerdo de la última tarde, que se transformó en madrugada. Tengo casi todos los detalles en mi memoria; como vestías, a que hora llegaste, la esquina donde nos encontramos, la tarde, de un rojo plomizo producto de la tormenta que hubo en la mañana y que mezclaba los chubascos reticentes con los nubarrones que tapaban al incipiente sol. La charla que tuvimos, lo que hicimos y la decisión de extender el encuentro hasta entradas horas de la noche. (más…)